BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

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UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 5 de abril de 2015

NO ENTIENDO MI VIDA SIN DIOS

Al día de hoy no entiendo mi vida sin Dios. En varias ocasiones me han pedido que de mi testimonio personal ante la vida y me he limitado a comentar las tres claves o raíces que, desde mi infancia, han estado y están presentes: Dios, los pobres y la fraternidad. Creo que con ellas la resurrección de Jesús ha llegado a mi vida. No necesito más para vivirla. Estos primeros domingos de Pascua las voy a ir comentando.
Dios es muy importante en mi vida, hasta el punto de organizar mi existencia teniendo en cuenta su llamada. Me podría haber llamado para otros caminos, pero a mí me quiso en éste y acepté. No de la noche a la mañana, ni con la misma claridad, pero, desde la infancia, la vida me ha ido confirmando el camino elegido. Dios ha sido una presencia constante, aunque en ocasiones, me he querido desentender de ella.
La fe en Dios se la debo a mi padre y a mi madre. También el párroco, que me inició en los primeros sacramentos, tiene su papel. Fueron mis padres los que me transmitieron la fe y me enseñaron las primeras oraciones. Este año celebrando la Vigila Pascual, en la parroquia que me bautizaron, rememoré todos estos hechos.
Es verdad que la formación recibida, me hizo pasar de una fe heredada (de cristiandad) a una fe adulta (conciliar), pero Dios es el mismo. Ha cambiado mi concepción de Él, ya no lo veo justiciero y castigador. Ahora lo percibo como el Dios que nos ama, como la Madre y el Padre, que lo único que desea es que sus hijos sean felices. Es este Dios el que fundamenta y justifica mi vida, digamos, que mantiene su protagonismo en mi vida.
Gracias a Dios me levanto cada mañana sabiendo y experimentando que mi vida tiene sentido. Que todo no acaba con la muerte. Dios me abre horizontes que se prolongan en la vida eterna, aunque ahora, no entienda en qué va a consistir, si bien, ya puedo iniciarme en los primeros pasos y poniendo las primeras piedras del camino definitivo. Esto del Reino de Dios ya se puede iniciar aquí , no hace falta esperar a la muerte
Gracias a Dios, que se hizo uno de nosotros en Jesús de Nazaret, entiendo a la humanidad como a una gran familia, la familia de Dios. El amor, en esta familia, es la base de las relaciones que nos debemos todos los hermanos y hermanas que la formamos, pues, es lo único que espera Dios, de sus hijos e hijas que somos.
Gracias a Dios, que sigue actuando con su Espíritu, cada día tiene su impronta. La construcción del Reino, o sea, de la familia de Dios, necesita de mis manos, de mi cabeza, de mis pies, de todo lo que soy, para aportar lo que se me ha asignado. No es gran cosa, pero si no lo hago se quedará sin hacer. El Espíritu, cada día me lo recuerda y, además, me anima e impulsa a realizarlo. No es fácil y, algunos días, prefiero hacer otras cosas o no hacer nada. Pero sé que la Misión encomendada está ahí.

Que Dios es misericordioso, no me cabe la menor duda. Muchas veces no quisiera que estuviera ahí, pues me avergüenza su presencia, que no soy fiel a sus expectativas y le traiciono. Estas situaciones, también están presentes en mi vida, pero he aprendido (y me ha costado) a aceptarme como soy, asumiendo mis debilidades, mis caídas, mis desvíos por otros senderos. No me ha sido fácil la conclusión, pero soy humano. No soy perfecto.  Y la experiencia que tengo es que Dios me ama. Aún con estas experiencias, sigo pensando que no entiendo mi vida sin Dios.

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