BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: "EL CAMBIO DE TODO, EMPIEZA POR UNO MISMO, LO DEMÁS, SON PALABRAS QUE SE LLEVA EL VIENTO"

domingo, 6 de agosto de 2017

¿SOMOS LAS PERSONAS COMO UN CALEIDOSCOPIO?



Un caleidoscopio es un instrumento óptico, que consiste en un tubo con dos o tres espejos inclinados y cristales de colores, de forma, que mirando el interior, se ven diferentes figuras geométricas, que cambian, según se va moviendo. La palabra nos viene del griego: Kalos (Bella) éidos (Imagen) y scopéo (observar).
Hablando del caleidoscopio, lo que no cambia es el instrumento óptico, lo que sí varía son las figuras geométricas que se generan con los movimientos de los cristales de colores. Si relacionamos este asunto con las personas, podemos afirmar que por naturaleza todas las personas somos iguales. Lo que viene a ser diferente son tanto los ‘movimientos’ como ‘los cristales de colores’.
En lo que se refiere a los movimientos, aplicado a las personas, está relacionado con sus circunstancias.  Los contextos sociales son tan variados como lugares en los que habitamos los seres humanos. Las personas, aunque iguales, estamos influenciadas según los continentes en que nacemos; las religiones que se dan en aquellos lugares; las culturas y costumbres que viven sus gentes; el impacto de la globalización en todas sus dimensiones, condicionado por todo lo anterior y, también, la asimilación que hace la propia persona de todos esos aspectos.
En cuanto a los cristales de colores, nos estamos refiriendo, por hablar de alguna manera, a lo que cada persona tiene de específico en su interior, ya sean, sus cualidades, sus valores, sus limitaciones, sus defectos, sus experiencias, su herencia y hasta su propia historia.
Conjugar los movimientos con los colores da como resultado la rica variedad de vivir como personas. Aquí reside el que seamos diferentes, distintos,… pero como personas iguales. Si la finalidad del caleidoscopio es disfrutar de las bellas imágenes que dan como resultado los movimientos y cristales de colores, sin duda, armonizar la variedad de personas daría como resultado una sociedad enriquecida por lo que aportamos todas las personas.
La tarea no es fácil, pero sí posible. Estamos llamados a ser felices, aunque nos enmarañamos en peleas, conflictos, problemas. Parece que lo nuestro es entorpecernos en el crecimiento como personas, sin embargo, tenemos más que experimentado, que en las buenas relaciones con los demás: disfrutamos de los otros, vivimos a gusto, fomentamos la buena convivencia, saboreamos la amistad, potenciamos el amor,… todo ello bellas imágenes de la naturaleza humana.
Bueno, pues seamos caleidoscopios.

domingo, 30 de julio de 2017

REFLEXIONES SOBRE CONVERSACIONES QUE ESCUCHAMOS EN LA CALLE



Cuantas veces vas por la calle, y sin querer, oyes frases de la gente que va charlando. Eso sí, a medias. Parecería que si no decimos las cosas en voz alta no nos escuchan y eso que los tenemos al lado. Por eso, sin querer (queriendo) nos enteramos de todo. En un momento dado escuché a una persona: "¡Con lo bien que podíamos vivir!"  Y sin embargo preferimos el plato de lentejas de la historia. 
Con lo bien que podíamos vivir y, sin embargo,  no sé cómo complicamos las cosas que para muchos hombres y mujeres, la misma vida es un grandísimo problema ¡Que retorcidos somos! Luego me pregunté por el sentido que le podemos dar a esa frase. Lo de vivir bien creo que es el anhelo que tenemos y deseamos para nuestra familia, nuestros amigos, nuestro pueblo, nuestro país y el mundo en general.
Vivir bien, sin duda, se puede referir a que los niños -todos- tienen una familia, un hogar, un lugar en donde crecen como personas; su madre y su padre les crían y educan pensando en su felicidad, no les falta lo necesario para vivir con dignidad; vamos, ponen los cimientos para que sean felices.
Tal vez, vivir bien quiere decir que la infancia y juventud, tienen escuelas, en las que aprenden a convivir y socializarse, se educan en valores como la solidaridad, la justicia y la paz. Espacios que favorecen la creatividad, se aprende la cultura que tanto necesitamos y se ponen las bases para innovar, crear y avanzar para construir un mundo, todavía mejor.
A lo mejor, vivir bien es el resultado del esfuerzo común, que todos los seres humanos aportamos a este mundo globalizado para que no haya guerras, ni violencia; no existan muertes por hambre o enfermos incurables; no haya inmigrantes desesperados, ni parados fracasados o desahucios inhumanos y, menos aún, familias desestructuradas y rotas.
Pero no. Preferimos el plato de lentejas.  Queremos saciarnos de inmediato, consumir rápido, vivir el momento con intensidad. Dejarnos llevar por las circunstancias. No controlar nuestros impulsos más primarios. Si para obtener un puesto mejor en el trabajo, hay que pisar al compañero, pues, se pisotea. Si me enriquezco por la vía rápida aunque me haga corrupto, engañe a los demás, explote a los empleados,… lo que importa es que yo sea rico. Si para disfrutar a tope, la droga o el alcohol me ayudan, pues a darse un buen chute. Las consecuencias ya las conocemos. Y lo de vivir bien queda en el olvido.
Lo del plato de lentejas tiene su explicación en un relato bíblico. Cuenta que dos hermanos, Esaú y Jacob, tenían sus rivalidades y un buen día, Jacob, que por lo visto era un buen cocinero, tenía la comida preparada y, a esto, que llega su hermano Esaú, casi muerto de hambre, y le propone con urgencia, que le dé un plato del guiso sabroso que había hecho, a cambio de darle su herencia cuando llegase el momento. Y así fue. Quedó muy a gusto y satisfecho con el plato de lentejas que se comió, pero perdió la herencia. No deja de ser un relato, una historia pasada. Pero de rabiosa actualidad.

domingo, 23 de julio de 2017

VIVO EN JEREZ Y QUIERO VOLVER A DENUNCIAR



Vivo en Jerez de la Frontera, y sigo viendo y oyendo las mismas cosas que hace unos años: paro, inmigración, desahucios, comedores sociales, guerras en los mismos países, muertes de hambre, trata, mafias, pateras, refugiados…Ya no hablo de Andalucía y menos de España, hay que situarse en el contexto global en que vivimos.
 Por otro lado, estos días estoy viviendo en Melilla, una experiencia intercongregacional de religiosas  y religiosos y nuestro lectura creyente de la realidad me lleva a las mismas conclusiones que vengo constatando desde hace varios años.

No es fácil dar una explicación, a lo que está pasando (y menos las personas de a pie, como un servidor), aquí en occidente en concreto en Europa, parecería que éramos ajenos a estos problemas y llevamos unos años acusándolos. Aunque eso sí, estamos constatando que los ricos siguen siendo cada vez más ricos y los pobres continúan progresando en su pobreza. Y esto me produce una insatisfacción que deseo manifestar.
En el fondo se sigue 'adorando al becerro de oro', o sea, al dinero. Seguimos aferrados, nos guste o no nos guste, al sistema neoliberal (antes se decía capitalismo). Cada cual, a su nivel y 'status', se esfuerza por acaparar, especular, pisotear, aprovechar, competir, reforzar,... su nivel y 'tren de vida que lleva'. Funciona el mismo patrón. Lo que ocurre es que los ricos tienen más recursos y los pobres menos, pero todos seguimos las mismas pautas. Claro, que a los más pobres, ni siquiera les damos la oportunidad, por lo que llevan su vida como pueden, comiendo 'nuestras migajas'.
No obstante, sigo creyendo en la bondad del ser humano, por eso creo que en este asunto, hay personas que tienen más responsabilidades que otras, tanto por lo que son, como por lo que representan. Y entiendo que es una 'cualificada minoría' la que maneja los hilos de este 'juego maquiavélico' y escandaloso, injusto y, hasta fratricida, pues, el sistema genera muertes.
Se acuñó en los setenta, en el ámbito de los creyentes, la definición de que la Iglesia era la conciencia crítica de la sociedad, hoy recupero aquella manera de entender la Iglesia y, a título personal, aunque sea testimonial, me permito denunciar, aquello que considero injusto y que va en contra de los derechos más elementales de las personas; si bien me muevo en el contexto español, sabemos que la globalización nos envuelve. Por eso denuncio:
A los mercados, a los especuladores, a los banqueros, a los grandes empresarios,... que solo van buscando sus intereses económicos, caiga quien caiga; siendo el egoismo y la usura sus únicas metas.
A los últimos gobiernos, de nuestra reciente democracia, que han justificado y apoyado -por razones políticas y económicas-, a las diferentes dictaduras que existen en el mundo, cuyos dictadores, siguen oprimiendo y anulando los derechos humanos de sus ciudadanos. Nosotros consentimos.
A los políticos, que se han puesto al servicio de la economía y durante los últimos años, se han olvidado de sus fines que son el bien común de sus pueblos, y se han embarrado en muchas corrupciones.
A los sindicatos, que han estado haciendo el juego a los políticos y claudicaron de su más preciada lucha: la defensa de los trabajadores, sobretodo, de los que perdían su trabajo, parece que sus propios intereses les urgían más.
A la Iglesia jerárquica, que es 'muy sonoro' su silencio, en todos estos asuntos, cuando los pobres tienen que ser sus preferidos y, a la vista está, que no les defienden, a lo mejor es que puede perder sus privilegios.
A los intelectuales y profesionales liberales, que arriman sus conocimientos a los poderosos y abandonan al pueblo, constituyéndose en casta excluyente y superior, con numerosas prebendas.
A muchas Instituciones, Asociaciones, ONGs, que se preocupan más de la imagen y el prestigio, que del compromiso por un mundo más justo, que cambie las estructuras deshumanizadoras.
A las clases medias, que con su casa, su coche, su comida y su cama, se han conformado y se han despreocupado del mundo que les rodea. No entro en los detalles de la picaresca española relacionada con  los impuestos, la fiscalidad y los fraudes a la seguridad social.
Y a muchas personas, que llevamos un 'tren de vida', por encima de lo necesario, sabiendo que aún hay millones de personas, que carecen de lo más elemental: la comida para seguir viviendo mañana. 

domingo, 16 de julio de 2017

FAMILIAS ROTAS, INCLUSO, DURANTE LAS VACACIONES



El martes me llamaron por la tarde y se activó la máquina del tiempo. De pronto me sentí en el siglo pasado, año 1998. La familia seguía rota. Simplemente era lamentable e indignante. Un buen rato dedicó la mujer para ponerme al corriente de la situación. No era nueva, pero sí más complicada. Los años no pasan en balde. A lo largo de su conversación, me dijo, que estaba orgullosa de los hijos, habían salido adelante; sin embargo, la hija, ahora, vivía con ella, porque su pareja la maltrata. Tienen orden de alejamiento, pero ambas partes se la saltan a la torera. La última vez la arrastró por los suelos, y bien agarrado a los pelos -de ella-. Hubo denuncia, pero,...
A todo esto, el paro también está presente. Y en la historia familiar la madre se quedó sola con sus tres hijos porque el padre les abandonó. Lo que la llevó a buscar trabajos muy variados y, a veces, de riesgo. Pero su vida acarrea muchas sorpresas y, a veces, desagradables.
Familias rotas. Y con mala suerte. Nacieron en el ambiente equivocado. Conozco otros casos y mi círculo es reducido, comparado con la sociedad en la que vivimos: la española, la europea y la mundial. Me chirrían las tripas cuando aparecen estos casos. Son historias que me conmueven. Los protagonistas son hombres, mujeres, niños y niñas reales. En general siguen la cadena de transmisión de sus antepasados. Casi me atrevería a decir que no conocen otra manera de funcionar como familia. Es el modelo que pasa de padres a hijos. De abuelos a nietos. No es genético, pero sí es estructural dentro de la propia historia familiar.
La verdad es que hay mucha gente, instituciones, asociaciones, que dedican recursos humanos y materiales a estas familias. Los pisos de acogida están dando buenos resultados. No, no están solas en su sufrimiento. Aunque no es un consuelo. Creo que es la línea a seguir para que vayan cambiando las condiciones de estas familias. Con el tiempo, de familias rotas pasarán -sin duda- a ser familias. Simplemente familias, sin necesidad de calificativos.
Justo, a lo largo de las vacaciones del verano, suelen surgir variadas iniciativas que favorecen, en especial a los hijos, de momentos agradables, de espacios en los que sus problemas quedan olvidados, pero sobretodo, tienen la oportunidad de relacionarse con chavales y personas que los van integrando en relaciones más humanizadoras. De esa forma, les presentan modelos de otra forma de vivir en familia y, eso, les hace ver que en el mundo no todo es igual, como en sus familias.
Y, por cierto, son nuestros vecinos, viven a nuestro lado. En bastante ocasiones somos cómplices, pues, ¡Somos tan respetuosos! (Aunque puede ser, tal vez miedo, no querer complicarse o indiferencia. Ya se sabe, cada cual en su casa...) Igual tenemos margen para intervenir, digo yo.
Ya sé que estamos de vacaciones, pero también en estas fechas veraniegas siguen pasando estas cosas y, si bien, muchas familias disfrutan de unas vacaciones disfrutando padres e hijos, también, hay que tener un recuerdo por esas otras familias, que lamentablemente existen, y que no las disfrutan. No las abandonemos si tenemos la oportunidad de conocerlas.