BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: "SIN LAS CRISIS NO HAY CRECIMIENTO NI PROGRESO"

domingo, 19 de marzo de 2017

SIGO DICIENDO ¡¡¡NO A LA GUERRA!!!



En el sexto aniversario de la Guerra de Siria, mantengo mis reflexiones de hace unos años y que estas palabras sean en recuedo de todos los hombres, mujeres, ancionos y niños asesinados en todas las guerras:
Primero: Les vendemos los aviones y luego se los destruimos.
Segundo: Formamos a sus pilotos en nuestras academias y luego los matamos.
Tercero: Ayer sus dirigentes eran nuestros amigos, les vendíamos armas, les comprábamos gas y petróleo, hoy -porque el pueblo ha protestado- (nosotros habíamos pasado del pueblo) ahora resulta que ¿defendemos al pueblo o queremos garantizar el coltán, el gas o el petróleo? ¡Qué hipócritas! (Nosotros, claro).
No estoy de acuerdo con esta guerra, ni con ninguna guerra. Hoy hablamos de Siria, ayer de Irak y del Líbano, pero existen en la actualidad, más de 20 países, con diferentes conflictos bélicos. ¿Por qué no se habla también de ellos?
Este blog se llama "La Esquina del Encuentro" y se fundamenta en la importancia y necesidad que tienen los seres humanos de encontrarse, de dialogar, de respetarse, de ayudarse, de convivir, de compartir, de alcanzar la tan deseada fraternidad, pues, ya he dicho en otras ocasiones, que todos somos miembros de la gran familia humana y, por consiguiente, somos hermanos y hermanas entre sí. Y los hermanos -en principio- se tienen que querer y ayudar, que amar y perdonar. No cabe, entonces, la violencia, el odio, el rencor, la agresividad, la venganza,... ¡Y menos aún matar a tus hermanos!
Creo en la vida y rechazo la violencia, cualquier violencia, de forma especial las que generan las guerras: muertes, violaciones, huérfanos, destrucción, masacres,...
Porque, al fin y al cabo, la guerra es el resultado de no hacer bien la política; a mi modo de entender, los políticos, tendrían que dar más de sí y “ponerse las pilas”, a lo mejor se llega a la guerra porque no se han ido haciendo bien las cosas. Cuestión de intereses. Pero me refiero a los intereses nuestros, pues, los políticos están para defenderlos. Por ejemplo, somos nosotros los que consumimos el petróleo y el gas,… ¿Por qué no protestamos en su momento? Y no podemos alegar que no sabíamos lo de los dictadores de turno,… Por aquí podrían salir interesantes reflexiones.
Dando un paso más en la justificación del no a la guerra, desde mis creencias cristianas, creo que el Dios de Jesús, quiere a todos sus hijos e hijas y no desea ni quiere, para ninguno de ellos, que mueran en las guerras. Nuestro Dios, como Madre y Padre, quiere la felicidad para toda su familia y por ello desea que se lleven bien, que se quieran, que se ayuden para que nadie pase necesidad y que se favorezcan las mejores condiciones que construyan la paz y eliminen las guerras para siempre.
Todas las guerras son injustas. Por consiguiente, rechazo de plano, aquello que se dice de que hay guerras justas y guerras injustas. Por lo que se ve, en este mundo se puede justificar todo.
No quisiera terminar sin decir que estoy de acuerdo con determinadas "GUERRAS" que van contra el analfabetismo, contra el hambre, contra enfermedades endémicas como la malaria, el ébola o el sida, contra el paro, contra la marginación, contra el racismo y la discriminación, contra la pobreza, contra la violencia de género... a estas "guerras" sí me "alisto".

domingo, 12 de marzo de 2017

¡QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SIN LAS CRISIS!



Es la palabra más usada en nuestras conversaciones. Está presente en todos los ámbitos de la persona y la sociedad. La palabra tiene su origen en el latín y el griego. La Real Academia de la Lengua, emplea para definirla algunos de estos términos: Cambio brusco, mutación importante, momento decisivo, juicio que se hace de algo, situación dificultosa o complicada,...
Ya hablamos menos de la crisis económica, pero, los problemas siguen para muchas personas, por ejemplo, el paro. Y sigue habiendo crisis políticas que están pasando algunos países, con consecuencias para todo el mundo. Están las crisis institucionales de los partidos políticos, de los sindicatos u otras asociaciones. La Iglesia también se dice que está en crisis porque hay menos vocaciones sacerdotales. La familia, la escuela,... hasta llegar a cada persona, que también pasa por sus crisis.
La crisis forma parte de nuestras vidas y aunque pudiera tener una connotación negativa, la crisis tiene una función necesaria en el desarrollo tanto personal como social. Porque sin crisis no habría crecimiento, evolución, progreso, transformaciones...
Es verdad que en el momento que dura la crisis se pasa mal, se dan situaciones de inestabilidad, de duda, de sufrimiento, de sacrificio, hay que superar obstáculos, solucionar conflictos, tirar a la papelera planteamientos que ya no sirven,... todas estas situaciones son inevitables, pero, también imprescindibles para que la crisis alcance sus objetivos: ¡Todo un reto!
La crisis forma parte de nuestras vidas, desde el mismo nacimiento, los entendidos hablan del trauma que se da cuando venimos al mundo y dejamos el útero materno. Y lo mismo va pasando cuando dejamos la infancia, la adolescencia y así hasta el final de nuestras vidas. Lo mismo podríamos decir de las crisis que se dan en la sociedad, por ejemplo, el paso de una dictadura a una democracia tiene como sabemos muchas dificultades.Y es que la crisis forma parte de nuestras existencias. Cuánto mejor nos llevemos con ella y la entendamos mejor nos irá. En todo caso hay que saber gestionarla adecuadamente.
La crisis nos posibilita los cambios necesarios para realizarnos como personas, vivir felices en la familia, recibir una buena educación, disfrutar de la vida. Y a nivel social lograr unas sociedades en las que todas las personas vivan con dignidad, se les respeten sus derechos, se logre la paz y el bienestar para todos. La crisis nos trae nuevas posibilidades, nuevas opciones. Y lo más importante la crisis nos exige que abandonemos lo que había antes de que llegara ella, pues, es la manera de que no nos estanquemos o paralicemos. La vida sigue después de la crisis, mejor dicho, la crisis nos trae la forma en la que debemos seguir viviendo... hasta la siguiente crisis. ¡Sin crisis no hay vida!

domingo, 5 de marzo de 2017

TODO EMPIEZA POR UNO MISMO Y EN CASA

Por más vueltas que le doy, al final, termino en el mismo lugar: todo cambio del mundo, de la sociedad, de la realidad,... empieza por uno mismo y en el lugar en donde vives y con los que vives. Lo demás es literatura  y ganas de echar balones fuera.
La reflexión me viene de las personas que me rodean y de la cultura globalizada, en la que me desenvuelvo, o sea: Los alumnos de las clases, las personas con las que me reúno y trabajo, las redes sociales en las que me muevo y los foros en los que participo. Así, la utopía de un mundo mejor, el sueño de que otro mundo es posible, se repite de continuo en nuestras conversaciones y escritos.
Miren, creo en el efecto domino, de forma que si yo actúo de determinada manera, algo puede influir y modificar los ambientes en los que me muevo. Si me levanto relajado, con alegría y optimismo, cuando empiece a interaccionar con las personas más cercanas, puede que genere buen ambiente. Pero lo mismo suele ocurrir si me levanto un ‘poco torcido’.
Me cuesta enfrentarme a mi realidad interior. El yo interno que me gobierna. Llevo bastante tiempo intentando dialogar y moderar las relaciones conmigo mismo… ¡y no me es fácil! Me engaño y me autojustifico fácilmente. El esfuerzo y la ’violencia interior’ que se genera me ¿asustan?, mejor, me exigen demasiado y claudico con cualquier pretexto. Al final me digo dejemos las cosas como están.
No puedo ser sincero con los demás, con los Hermanos que viven en la Comunidad, con los chavales del Hogar de Emancipación, con las personas que trabajan en el Centro, con cuantas personas me encuentro a lo largo del día, si no soy sincero conmigo mismo. Mi autoengaño, sin duda, me hace tener unas relaciones ‘engañosas’ con los demás. A lo mejor unos y otros soportamos nuestros autoengaños y engaños hacia los otros, pero esto no es sano para nadie. Y esto no deja de ser un ejemplo. Imagínense la suma de todo esto, el ambiente que va creando.
La sinergia que puede potenciar lo positivo que hacemos, también puede potenciar lo negativo, que a lo mejor, no deseamos. El control personal supone armonizar “las tripas, el corazón y el cerebro”,  la sinergia creada por estas tres instancias en nuestro interior, cuando se orientan en la misma dirección, esto es, unificar y armonizar el propio crecimiento personal, es un trabajo muy ‘fino’ y concienzudo, pero posible, si nos embarcamos en él.
Vivimos demasiado volcados hacia fuera y olvidamos nuestro interior. Claro que es muy legítimo y necesario, hasta es nuestra responsabilidad, responder de nuestros hijos, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros vecinos, pero, eso no quita, que abdiquemos y aparquemos, en un cajón, nuestra realidad más personal. Precisamente contribuimos al bienestar de los demás cuando vamos, con lo que somos, por delante; de no ser así, creamos una maraña de relaciones que nos entorpecen más que nos benefician.
En el fondo buscamos evadirnos. No aguantamos la presión interior y preferimos ‘entretenernos’ con el trajín de la vida cotidiana. Son las excusas y justificaciones que más nos dejan tranquilos. Pero como resultado, nos convierten en constructores de todo aquello que decimos nos gustaría cambiar.
Ante la pereza existencial, la comodidad alienante, reivindico un tiempo constante - no tiene que ser diario, pero mejor si lo es- de diálogo, consenso, pacto con uno mismo: entre el cerebro, el corazón y las tripas, o sea, lo que soy en toda mi realidad. Este trabajo personal, cuando lo hago, noto sus beneficios tanto para mí como para los demás.