BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

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UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 21 de octubre de 2012

EL AÑO DE LA FE, UNA OPORTUNIDAD PARA LA IGLESIA

Estamos en el aniversario del Concilio Vaticano II, han pasado 50 años. Es una buena ocasión para ver, con cierta perspectiva, cómo estamos viviendo -en la Iglesia- aquel esperanzador acontecimiento. Desde Roma nos ha venido el anuncio, a todo el Pueblo de Dios, de celebrar el Año de la Fe. Para la ocasión, el Papa Benedicto XVI, ha publicado una Carta apostólica: PORTA FIDEI (La Puerta de la fe), en la que desarrolla las grandes líneas de lo que se pretende con este Año de la Fe.
Sin duda alguna, a lo largo del año irán publicándose numerosos libros, documentos, reflexiones que nos orientarán sobre la importancia de nuestra Fe. Desapercibidos no pasaremos, seguro.
Dicho todo lo cual, me pregunto: ¿Necesitamos los cristianos un Año de la fe? ¿Por qué? y ¿Para qué? Dicen lo más críticos que la Iglesia Jerárquica, que son una minoría, quiere volver a restaurar la etapa anterior al Concilio. Por eso ve con buenos ojos, la jerarquía, volver a los latines, las sotanas, el sacramentalismo, la recta doctrina, las tradiciones de toda la vida, etc. etc. Mal asunto, si es así.
Pero yo me pregunto:  ¿Qué dice la Iglesia Pueblo de Dios? Expresión, ésta, del Vaticano II, en la que se da un vuelco a la eclesiología, y podríamos decir que de una Iglesia Jerárquica se desea pasar a una Iglesia Comunión, a una Iglesia como Comunidad de comunidades, es decir, a una Iglesia del Pueblo de Dios, en la que, en el mismo nivel, se encuentran tanto los laicos, como los sacerdotes y los religiosos/as. No olvidemos que la fe es un don gratuito de Dios y que Dios no hace distinciones entre sus hijos.
Y cuando hablo del Pueblo de Dios, no me estoy refiriendo solo a la Iglesia Europea, mejor aún, a la Iglesia de los ricos. Me refiero, también, a la Iglesia Africana, al Pueblo de Dios de América, o sea, a la Iglesia de los pobres. ¿A quién tenemos que escuchar durante este año de la Fe? Pienso que a todos. Aunque me temo, que será la Iglesia de los ricos -cuidado que yo me encuentro en ella- la que hará llegar a los medios de comunicación social, a las redes sociales, sus ideas, opiniones y propuestas. Si van a ser así las cosas, creo que es insuficiente y, tal vez, lamentable.
A lo mejor me estoy adelantando, pues, estamos empezando el año de la fe y, tal vez, se tiene previsto desde las instancias vaticanas: alimentar la fe a todo el Pueblo de Dios, favorecer el crecimiento en la fe de todas las personas que pertenecemos a la Iglesia, ahondar en el testimonio ante el mundo del Reino de Dios, denunciar las injusticias sangrantes de millones de personas, menguar en el protagonismo y la prepotencia jerárquica, en beneficio de la inmensa mayoría del Pueblo de Dios. En fin, ¿Quién sabe?
El 50 aniversario del Concilio Vaticano II, a mi modo de ver, tiene que ser una buena oportunidad, para que todo el Pueblo de Dios, reflexionemos sobre nuestra fe.  Y, sobre todo, veamos cómo está siendo nuestro testimonio de vida, ante los demás. Nos jugamos nuestra credibilidad, nos jugamos el ser "una palabra de esperanza", nos jugamos ser signos de la fraternidad, nos jugamos ser instrumentos de justicia y paz y, nos jugamos, el sentido de nuestra identidad en este mundo tan plural y complejo en el que vivimos. Todo un año nos damos para dedicar un tiempecito a estos asuntos. Un año de reajustes, de conversiones, de 'cambios de piezas de repuesto', para que los años siguientes, el Pueblo de Dios, siga haciendo su viaje en mejores condiciones.

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