BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

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UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 7 de agosto de 2016

LA ALTERNATIVA CRISTIANA: COMUNIDADES MIXTAS Y OPCIÓN POR LOS POBRES

 En el mundo plural que vivimos el  mercado de ofertas, sobre el sentido de la vida, es muy amplio y diverso. Hay ofertas basadas en las creencias, otras fundamentadas en las ideologías y otras son meramente humanistas. Todas son legítimas mientras que respetan la dignidad y los derechos de las  personas. La alternativa cristiana, por consiguiente, es una oferta más y con proyección universal. No trato de explicar el contenido del sentido cristiano de la vida, lo que pretendo es hacer una reflexión sobre cómo tiene que presentarse, dicha alternativa, en el mundo de hoy.
El contexto, sin duda, condiciona mucho la forma de hacer las cosas. Grosso modo, las conductas violentas e intolerantes, o el terrorismo y la corrupción, así como las injusticias y la indiferencia como actitud, siguen muy presentes en nuestras vidas cotidianas y en cualquier parte del planeta. Aunque en la historia de la humanidad, todo esto no es nuevo, en los tiempos que vivimos sí se dan unas connotaciones globales, que facilitan el presentarse en la sociedad, las distintas maneras de enfocar la vida.
En lo que respecta al cristianismo, su oferta en dicho contexto, está marcada por dos elementos fundamentales y que, además, definen su alternativa: La vida en comunidad y su opción por los pobres. En la vida de Jesús, estos dos aspectos están más que explicados en los evangelios. Las dos primeras cosas que hace Jesús desde el principio, son formar una comunidad (Mc 1,16) y poner a los pobres como sus preferidos (Lc 4,18).
Decían de los primeros cristianos: “Mirad como se aman”, era la señal visible de su identidad. Palabras como comunión, hermandad, unión, fraternidad y comunidad se han utilizado desde siempre en la Iglesia. El mundo de hoy necesita ver y palpar que la convivencia y la  fraternidad, entre personas tan diferentes, es posible. El mensaje real es que podemos vivir como hermanos de la gran familia humana. Este es el primer reto de los cristianos del siglo XXI.
Pero la comunidad cristiana está por hacer. Es verdad que la vida religiosa o las llamadas comunidades eclesiales de base nos ofrecen sus ejemplos, pero tienen el inconveniente de que son minoritarias (y cerradas). El Pueblo de Dios, que es la iglesia, es mucho más amplio y numeroso que el grupo de ‘selectos’ que conforman las comunidades existentes. Desde el Concilio Vaticano II, se nos dice que se hace necesario abrir el horizonte y cambiar de modelo eclesial. Pasar de una Iglesia jerárquica, en la que una minoría es la protagonista, a una Iglesia fraternal, en la que como bautizados, todos somos iguales, ya que somos hijos del mismo Padre.
Cuando hablamos de Comunidades Mixtas, nos estamos refiriendo, en la Iglesia actual, al grupo de seguidores de Jesús, que decide ser signo de fraternidad en el mundo de hoy y desde sus diferentes vocaciones eclesiales: la vida familiar, la vida religiosa o la vida sacerdotal; de forma que se juntan para vivir en comunidad y, así, ser signos del amor de Dios. No es una novedad. Pero ahora es una prioridad. Ver comunidades cristianas en las que laicos y religiosos, van de la mano; en las que sacerdotes, con religiosos o laicos son signos de la hermandad; en fin, que varias personas de diferentes congregaciones formaran una comunidad, debería ser de lo más normal.
Y el segundo elemento, que es fundamental en la oferta cristiana, son los pobres. Siempre los pobres. Nuestros hermanos más indefensos. La semana pasada escribía sobre: “Cuando los pobres nos humanizan y evangelizan”. Poco más tengo que decir al respecto. Si para Jesús fueron el centro de su vida, y lo vemos así por el trato que les dio, no vamos a ser menos sus seguidores.
La pobreza está muy extendida. Es un escándalo que teniendo recursos para vivir todo el mundo con dignidad, sin embargo, más de la mitad de la humanidad viva peor que los animales. Que todavía mueran hombres y mujeres de hambre es una auténtica vergüenza. Que la riqueza de unos pocos, esté construida sobre la pobreza y miseria de una mayoría, simplemente, es indignante.
Por consiguiente, la alternativa cristiana, pasa por la apuesta de erradicar la pobreza. Y esto es posible. La credibilidad de su oferta, de sentido de la vida, pasa porque las comunidades cristianas se impliquen y comprometan en crear un mundo más justo, donde los pobres dejen de ser pobres y se les considere con la misma dignidad y derechos que el resto de las personas. No hace falta darle más vueltas al asunto.

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