BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 9 de febrero de 2014

VIVO CON INMIGRANTES Y VIVIMOS EN FAMILIA



De auténtica vergüenza lo ocurrido, en Ceuta, estos días. Ni siquiera conocemos los nombres de las 14 personas, seres humanos como tú y como yo, que han fallecido en el mar en tan crueles y trágicas circunstancias. Todo esto ocurre en las puertas de 'nuestra casa'. Las leyes que, entre todos, hemos votado en Europa hacen posible estas cosas. El discurso de que si la guardia civil, que si la gendarmería marroquí,... ¡Sociedad hipócrita! Ahora pedirán comisiones de investigación los mismos que han hecho las leyes. ¡Es indignante!
Para mí es un honor vivir con jóvenes inmigrantes. Son igual que nuestros jóvenes. Igual que los jóvenes peruanos, que los jóvenes mexicanos y que los jóvenes brasileños  -con los que he estado- y me imagino que como los jóvenes de cualquier país del mundo. Tienen su misma rebeldía, su misma alegría, sus utopías; visten de la misma forma, escuchan parecidas músicas, utilizan las redes sociales de igual manera, les gusta divertirse,… son jóvenes.
Vivir con inmigrantes te ayuda a conocerles mejor. Escuchándoles confrontas tu propia cultura con la suya, sus valores, sus costumbres y sus creencias. Terminas descubriendo que es más lo que nos une que lo que nos separa. Somos seres humanos, del mismo planeta, pero que hemos nacido en diferentes lugares. La tierra es nuestra casa y donde vivimos está nuestro hogar.
Esta familia, que tiene el nombre de Hogar la Salle, está formada por hombres y mujeres, por hermanos y seglares de la Salle y por jóvenes que proceden de África. Creemos en un proyecto y con ilusión tratamos de vivirlo. De vez en cuando aparecen las dificultades, los conflictos –como en cualquier familia- pero todos ponemos de nuestra parte para que el ambiente de convivencia, de cordialidad y de amistad prevalezca por encima de todo.
Somos una familia agraciada. Tenemos una casa amplia en la que hay sitio para quienes desean compartir su tiempo y su persona. Mucha gente se acuerda de nosotros. Colaboran en nuestras actividades, nos facilitan recursos, contribuyen al bienestar de todos. Cuando nos visitan y están con nosotros se sienten como en su casa. Que también lo es. Les estamos muy agradecidos.
Los jóvenes inmigrantes tienen el reto de la formación. Más o menos formulado tienen su proyecto personal que ‘diseñaron’ cuando dejaron su familia y su país. Aquí  les acompañamos en sus propósitos, si bien, todos sabemos que esta casa es una etapa de su camino. Tratamos entre todos –ellos también- de que sea lo más agradable y enriquecedora posible.  En esta familia, el esfuerzo, el estudio, el trabajo, las responsabilidades, las tareas están presentes en la vida cotidiana.
Nuestra familia no es la única. Sabemos y conocemos de otras muchas familias con las mismas características. Tenemos las mismas metas, aunque tal vez diferimos en los medios, pero todas, somos como pequeños oasis de fraternidad, en un mundo globalizado, en el que se hace necesario que caminemos juntos hacia la fraternidad universal. Nosotros estamos en ello, sabiendo de nuestra fragilidad.



domingo, 2 de febrero de 2014

CREO EN LA FAMILIA HUMANA, AUNQUE SE CONSIDERE UNA UTOPÍA



Ya sé que es una utopía, lo de la fraternidad universal, pero creo en ella y me propongo aportar mi granito de arena para conseguirla, aunque todo se quede en el intento. Acabo de tener una experiencia, en Roma, como ya anunciaba el día 12 de enero, en la que un grupo de hombres y mujeres de todos los continentes, de diferentes razas y distintos idiomas, hemos sido capaces de convivir en paz, armonía y concordia.
Es verdad que nos unían unas mismas creencias y valores, tal vez por eso mismo ha sido posible, lo que cuento, pero… ¿Quién no tiene la misma experiencia, cuando se han juntado personas de diferentes ideas, pero con los mismos ideales y el asunto también ha funcionado?
Nos hemos empeñado, a lo largo de la historia, en poner fronteras, vallas, idiomas, costumbres,… con el objeto de marcar nuestro territorio, lo que ha llevado a los odios, las guerras y violencias, y tantas destrucciones de seres humanos, que hemos acabado por ver a los otros como una amenaza, como a nuestros enemigos que debemos eliminar o apartar de nuestros caminos.
A mí me resulta muy sugerente, lo que dice el Primer Derecho Humano –de los treinta que señala la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU el 10 de diciembre de 1948: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Las ciencias humanas y sociales, desde la antropología a la sociología, por ejemplo, constatan los lazos y vínculos de los seres humanos. Hay muchísimas más cosas que nos unen que las que nos diferencian. En general tenemos los mismos sueños, anhelamos la felicidad para todas las personas, nos gustaría un mundo más justo y en paz, aunque luego la realidad nos eche un jarro helado de agua fría… ¡Y nos deje como estamos!
Creo en la familia humana. En el informe de la UNESCO, La educación encierra un tesoro, Jaques Delors plantea uno de los pilares de la educación de la siguiente forma: “Se trata de aprender a vivir juntos conociendo mejor a los demás, su historia, sus tradiciones y su espiritualidad y, a partir de ahí, crear un espíritu nuevo que impulse la realización de proyectos comunes o la solución inteligente y pacífica de los inevitables conflictos, gracias justamente a esta comprensión de que las relaciones de interdependencia son cada vez mayores y a un análisis compartido de los riesgos y retos del futuro. Una utopía, pensarán, pero una utopía necesaria, una utopía esencial para salir del peligroso ciclo alimentado por el cinismo o la resignación”. Imagínense si potenciáramos esta dinámica. Lo de la familia humana estaría más cerca.

De vez en cuando hay que comentar estas cosas,  pues, estamos tan ‘distraídos’ con la vida cotidiana y sus problemas y no olvidamos de la gran tarea que tenemos como horizonte. Yo creo que tanta solidaridad, tanto voluntariado, tantas ONEGÉS, tantas asociaciones benéficas están ahondando en esta convicción y se comprometen por alcanzarla con sus proyectos y planificaciones. Es probable que lo digan de diferentes maneras. Pero están en ello.

Habrá que pensar en alguna iniciativa social que refuerce esta sencilla creencia.

domingo, 26 de enero de 2014

PEQUEÑAS INICIATIVAS Y PEQUEÑOS GESTOS, ESTÁN CAMBIANDO LA SOCIEDAD CIVIL



Cada vez lo dudo menos, el mundo está cambiando... a mejor. Ya sé que me dirán que no se nota mucho. Pero eso no quita que siga cambiando. Naturalmente resalta más lo que calificamos de negativo, pero pienso que, gracias a que en la balanza pesa más la bondad y sobresale el bien, el mundo no es totalmente un caos.
Algunos dirán que me he levantado con buen pie esta mañana. Me imagino que sí, pero como no soy supersticioso,  me aferro a la humilde y sencilla realidad: hay más buena gente que lo contrario, por lo que sus acciones son más numerosas que las contrarias. Cuando hablo de esta manera, suelo poner el ejemplo, de aquella mujer que tiró a su bebé, recién nacido, a la basura; pero el mismo día, hubo miles de mujeres que disfrutaron y gozaron con sus bebés recién nacidos. Apliquen lo de la balanza
Hay muchos hombres y mujeres que por motivos creyentes, ayudan a los demás. Su fe religiosa les compromete a preocuparse por los más débiles y les dedican su tiempo, su dinero y su persona.
Hay muchas mujeres y hombres que por motivos humanos, ayudan a los demás. Su fe en el ser humano les compromete a preocuparse por los más débiles y les dedican su tiempo, su dinero y su persona.
Muchas personas son altruistas, solidarias, benefactoras y les mueven sus valores, sus convicciones, sus creencias. Lo que todas ellas tienen en común es que el ser humano, sobre todo el más indefenso, cuenta mucho en sus vidas. No soportan dejarlos al margen. Por eso les ayudan, están a su lado, les quieren, luchan por recuperarles como personas con su dignidad y sus derechos. Todo eso lo hacen gratuitamente, sin esperar nada a cambio.
En los comedores sociales, hay muchas personas que colaboran, dando de comer a las numerosas personas que acuden.
En las residencias de ancianos, hay muchas mujeres y hombres que dedican un tiempo para acompañar a los ancianos que se encuentran muy solos.
En los centros de inmigrantes, hay muchos hombres y mujeres que ayudan a estas personas a integrarlas en sus sociedades, a facilitarles los trámites de su documentación o buscarles trabajo.
En los hospitales, hay muchos jóvenes que dedican una tarde o mañana del fin de semana para hacer agradable su estancia a los enfermos, sobretodo, a los más pequeños.
En las cárceles, numerosas organizaciones y asociaciones, acompañan a los presos para que no se olviden de que son personas, con su dignidad y derechos.
En los centros de acogida, siempre hay hombres y mujeres que están al lado de las personas que necesitan su compañía, su ayuda cualificada.
En los centros especializados, hay muchas personas que están al lado de los que tienen sida, están enganchados en la droga, necesitan atenciones especiales por su situación.
En numerosos sitios y lugares, siempre encontramos ‘al buen samaritano’ que tiene compasión y echa una mano para dignificar ‘al apaleado’ en el camino de la vida.


domingo, 19 de enero de 2014

LA FAMILIA: LA MÁS VALORADA Y LA MÁS DESCUIDADA


Se nos llena la boca cuando hablamos de la familia, de nuestra familia. En los medios aparecen las situaciones de muchas familias y no siempre son ejemplares. Es sorprendente, cuando se hacen encuestas, que todas coinciden en valorar a la familia como la mejor institución social. Ni la política, ni la religión, ni la economía, ni los sindicatos, ni la escuela, tienen tan buena apreciación.
Ya hemos dicho, en muchas ocasiones, que la familia es fundamental. Que es la base de la sociedad, por lo que debemos mimarla. Una solida familia favorece el bienestar de todos sus miembros y contribuye a mejorar su entorno social. Es modelo para otras familias. Estoy seguro de que todos tenemos ejemplos.
Hoy el núcleo familiar es muy variado. Ya no tenemos un único modelo. Bueno, en realidad nunca ha existido un único modelo. Las diferentes culturas, las distintas religiones han tenido su manera de explicar, definir, y entender a la familia. Incluso en el mundo occidental se ha querido universalizar un tipo de familia, la limitada a los padres y los hijos. Últimamente en notoria crisis.
Estemos o no de acuerdo, la sociedad - cada vez más globalizada - está abierta a diversificar la manera de explicar el concepto de familia. Las legislaciones de los países del mundo son muy  variadas. Tenemos el caso de que una pareja homosexual puede adoptar hijos y se considera una familia. También una madre soltera se constituye como familia, de igual manera que una viuda o viudo, con hijos, se siguen considerando una familia. Y no hablamos de la poligamia o del clan familiar.
En cualquiera de los casos todos se definen como familia y tratan de vivir el sentido de familia. Ahora bien, no todas las familias se preocupan de sus miembros con la misma intensidad que la defienden. En muchas familias los adultos no funcionan y tiene su repercusión y consecuencias en la prole. La infancia queda muy marcada cuando aparecen las separaciones, los divorcios, las rupturas familiares. Los platos rotos los pagan los hijos e hijas.
Hay un sentir generalizado de que en el buen funcionamiento de las familias nos ’jugamos’ mucho. Pero nos quedamos en el mero sentimiento. Tal vez la situación de crisis que vivimos, aunque es una excusa endeble; tal vez tantas ocupaciones y obligaciones ‘extrafamiliares’ en muchos casos necesarias e imprescindibles, como el trabajo; tal vez porque los progenitores no tienen los recursos y herramientas adecuados,… el caso es que muchas familias ‘no están a la altura' de lo que dicen ser.
También añado a la reflexión, la dimensión trascendente o religiosa, que está presente en numerosas familias. Cada tradición o confesión religiosa, tiene sus pautas y orientaciones al respecto, por consiguiente, hablan de la familia a la luz de sus creencias. Pero si me atengo a lo que observo en el cristianismo, lo de la familia cristiana, muy bien definida y valorada en los documentos, sin embargo, en la realidad deja mucho que desear. Para empezar muchas familias cristianas, tal vez, no sabrían explicar su identidad.
En fin, para unos y para otros, me atrevería a indicar unos mínimos, que los máximos ya los pone cada cual. Me agradaría ver en una familia que se favorece el crecimiento de las personas, que se busca el bienestar de sus miembros y que están muy presentes en el espacio familiar, valores como el amor, el diálogo, el perdón, la convivencia, estar juntos, la buena educación,…
Además de valorar bien a la familia, creo que se deben poner los medios para no descuidarla.