De auténtica vergüenza lo ocurrido, en Ceuta, estos días.
Ni siquiera conocemos los nombres de las 14 personas, seres humanos como tú y
como yo, que han fallecido en el mar en tan crueles y trágicas circunstancias. Todo esto
ocurre en las puertas de 'nuestra casa'. Las leyes que, entre todos, hemos
votado en Europa hacen posible estas cosas. El discurso de que si la guardia
civil, que si la gendarmería marroquí,... ¡Sociedad hipócrita! Ahora pedirán
comisiones de investigación los mismos que han hecho las leyes. ¡Es indignante!
Para mí es un honor
vivir con jóvenes inmigrantes. Son igual que nuestros jóvenes. Igual que
los jóvenes peruanos, que los jóvenes mexicanos y que los jóvenes brasileños -con los que he estado- y me imagino que como los
jóvenes de cualquier país del mundo. Tienen su misma rebeldía, su misma
alegría, sus utopías; visten de la misma forma, escuchan parecidas músicas,
utilizan las redes sociales de igual manera, les gusta divertirse,… son
jóvenes.
Vivir con inmigrantes
te ayuda a conocerles mejor. Escuchándoles confrontas tu propia cultura con
la suya, sus valores, sus costumbres y sus creencias. Terminas descubriendo que
es más lo que nos une que lo que nos separa. Somos seres humanos, del mismo
planeta, pero que hemos nacido en diferentes lugares. La tierra es nuestra casa
y donde vivimos está nuestro hogar.
Esta familia, que
tiene el nombre de Hogar la Salle, está formada por hombres y mujeres, por hermanos
y seglares de la Salle y por jóvenes que proceden de África. Creemos en un
proyecto y con ilusión tratamos de vivirlo. De vez en cuando aparecen las
dificultades, los conflictos –como en cualquier familia- pero todos ponemos de
nuestra parte para que el ambiente de convivencia, de cordialidad y de amistad prevalezca
por encima de todo.
Somos una familia
agraciada. Tenemos una casa amplia en la que hay sitio para quienes desean
compartir su tiempo y su persona. Mucha gente se acuerda de nosotros. Colaboran
en nuestras actividades, nos facilitan recursos, contribuyen al bienestar de todos.
Cuando nos visitan y están con nosotros se sienten como en su casa. Que también
lo es. Les estamos muy agradecidos.
Los jóvenes
inmigrantes tienen el reto de la formación. Más o menos formulado tienen su
proyecto personal que ‘diseñaron’ cuando dejaron su familia y su país.
Aquí les acompañamos en sus propósitos,
si bien, todos sabemos que esta casa es una etapa de su camino. Tratamos entre
todos –ellos también- de que sea lo más agradable y enriquecedora posible. En esta familia, el esfuerzo, el estudio, el
trabajo, las responsabilidades, las tareas están presentes en la vida cotidiana.
Nuestra familia no es
la única. Sabemos y conocemos de otras muchas familias con las mismas
características. Tenemos las mismas metas, aunque tal vez diferimos en los
medios, pero todas, somos como pequeños
oasis de fraternidad, en un mundo globalizado, en el que se hace necesario
que caminemos juntos hacia la fraternidad universal. Nosotros estamos en ello,
sabiendo de nuestra fragilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario