BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 19 de abril de 2020

ESPAÑA NO TIENE LA CULTURA DEL PUZZLE, PERO TODO SE APRENDE


En estos días de la cuarentena, se están inundando las redes de todo tipo de mensajes. Ya he tenido que escribir que no estoy de acuerdo y no siempre cae bien. Me vino el otro día, esta imagen de puzle, referido a la sociedad española. Para empezar, escribo la definición: Juego de habilidad y paciencia que consiste en recomponer una figura o una imagen combinando de manera correcta piezas planas y de distintas formas, en cada una de las cuales hay una parte de dicha figura o imagen.
La definición es muy clara y si la aplicamos a España, queda puzle para rato. Aunque se adelantaría si hubiese buena voluntad entre todos los implicados en el juego. Aquí el asunto radica en las piezas, que son de distintas formas y de diferentes colores. El caso es que la figura o imagen de España ya la tenemos, ahora se trata de combinar de manera correcta las piezas. Porque como dice la definición, en cada pieza hay una parte de la imagen de España.
En el puzle de España, hay piezas muy variadas, lo cual es una riqueza para todos, hasta el punto de que, contando con todas ellas, es como terminaremos el juego. Además, hay piezas de colores, otras son más pequeñas y medianas, las hay de distintas formas, pero todas tienen su lugar y encajan. Veamos dichas piezas, igual alguna, como hay tantas, está medio extraviada, pero también cuenta.
·         Los partidos políticos tanto a nivel nacional como autonómico, forman un grupo de piezas.
·         Las empresas grandes y pequeñas también tienes sus propias piezas
·         Los deportistas y atletas de todas las especialidades también aportan las suyas
·         Los sanitarios y educadores tienen las suyas propias
·         Los parados y trabajadores disponen de ellas también
·         Las personas mayores y los niños no son menos en el juego
·         La juventud también tiene sus piezas
·         Las religiones disponen de sus piezas y son tan necesarias como las demás
·         Las familias no pueden faltar
·         Los escritores y profesionales de los medios de comunicación y redes sociales
·         Las personas pobres, excluidas, marginadas, migrantes, …
·         Los habitantes de las ciudades y de las zonas rurales que también están jugando
·         Y las que quedan sin nombrar, cada cual puede añadirlas.
Bueno, me dirán ustedes, con tan diferentes piezas ya hay faena. Pues, sí, la hay. El problema es que no todo el mundo está por la labor de jugar. Pero además es que están buscando la manera de quitar del medio algunas de las piezas, incluso, de que este juego no va con ellos.  Eso sí, hay una falsa argumentación -por parte de todas las piezas- que razona así: los de mi grupo siempre hacen las cosas bien, nunca se equivocan y si le salen las cosas mal, la culpa es de los otros; porque nosotros somos los mejores y estamos por encima de los demás. Miopía y mala fe hay en todas partes.
Aunque ya contamos con ello, el arte está en cómo tratar con ellas, para hacerles ver de su importancia tanto para ellas mismas, como para los demás. Arduo trabajo. Surgen algunas preguntas:
¿Por qué nos empeñaremos en creer que nuestras piezas son las únicas capaces de formar el puzle? ¿Cómo si tuviésemos la verdad absoluta?
¿Por qué siempre estamos pensando, que los demás no valen nada y que son peores que nosotros? ¿Por lo que no contamos con ellos para nada? A ver si nos van a quitar el mérito.
¿Por qué echamos basura sobre las otras piezas, o intentamos destruirlas para que desaparezcan de una vez? 
¿Por qué no asumimos de una vez que es mejor sumar que restar? ¿Mejor hacer puentes que muros? ¿Qué nos enriquecemos con todos porque cada cual es una parte de lo que todos somos y decimos ser?
Y luego hablamos de diálogo, consenso, respeto, tolerancia ¿Solo con las piezas de mi grupo? Sigamos jugando. Por lo menos yo quiero jugar.

domingo, 12 de abril de 2020

HOY NECESITAMOS CONTAGIARNOS DE ESPERANZA


Esta mañana he escuchado al Papa estas palabras: “El Resucitado no es otro que el Crucificado, lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada… las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre!”.
Y es que, sin la resurrección de Jesús de Nazaret, no existiría la Iglesia, no habría cristianos, no funcionarían las parroquias, las escuelas católicas, ni existirían las distintas instituciones y ONGES, relacionadas con el cristianismo, como Caritas y Manos Unidas… que en estos tiempos de Coronavirus están dando la talla.
El Dios cristiano, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autentifica todo lo que había dicho y había hecho, durante su estancia en la tierra, Jesús de Nazaret. El Dios encarnado no acaba con el fracaso de la muerte –como si hubieran tenido razón los que le condenaron a muerte y le crucificaron-. No. El Dios encarnado, garantizó y avaló toda su Misión con la RESURRECIÓN.
Hay unidad y continuidad entre Jesús de Nazaret y Cristo resucitado. Esta es nuestra fe. Y si Jesús resucitó, nosotros también resucitaremos. Jesús venció a la muerte.
De una forma, un tanto original, me gustaría señalar las 15 estaciones que expresan el Misterio del Dios Encarnado, dando unidad a toda la vida de Jesús de Nazaret:

1. EL FINAL DE JESÚS: LA RESURRECIÓN, siendo la expresión máxima de la Buena Noticia.
2. Pero antes: FUERON LA PASIÓN Y LA MUERTE, sin duda, consecuencias lógicas de la coherencia de vida que llevó.
3. Pero antes: FUE LA ÚLTIMA CENA, símbolo de la Nueva Alianza y manifestación plena de su servicio y entrega. En este contexto nos da el nuevo mandamiento del amor.
4. Pero antes: NOS ENSEÑÓ A ORAR: desde su propia experiencia, con la oración del Padre nuestro, verdadera síntesis de sus enseñanzas.
5. Pero antes: FUE LA PREDICACIÓN, de un Reino Dios, en el que proclama a un Dios, como Padre y Madre, que ama con entrañas de misericordia a todos sus hijos e hijas y quiere la felicidad para toda su familia.
6. Pero antes: FUERON LOS MILAGROS, verdaderos signos de la presencia y el obrar del Dios del Reino, eso sí, centrándose en los enfermos y desheredados.
7. Pero antes: FUERON LAS PARÁBOLAS, relatos que nos marcan el camino para la construcción de Reino de Dios. La última del juicio final es emblemática.
8. Pero antes: FUE A LA SINAGOGA Y AL TEMPLO, a dar su testimonio, aunque le acarrease problemas y le complicaran la vida. Un profeta que denunció las injusticias
9. Pero antes: FUE POR CAMINOS, PUEBLOS Y CIUDADES, haciendo llegar a todo el mundo La Buena Noticia, especialmente, a los pobres, excluidos y necesitados.
10. Pero antes: FUE LLAMANDO A LOS DISCÍPULOS, futuros continuadores de su Misión y germen del Pueblo de Dios.
11. Pero antes: INICIÓ LA MISIÓN DEL REINO, sintiéndose enviado por el Espíritu y cumpliendo, así, la voluntad de su Padre.
12. Pero antes: FUE AL DESIERTO, preparándose, desde el silencio y la oración, para la Misión que tenía encomendada.
13. Pero antes: DEJÓ SU PUEBLO Y SU FAMILIA, como exigencia previa para desempeñar la tarea del Anuncio del Reino.
14. Pero antes: CRECIÓ COMO UN HOMBRE MÁS, mostrando su condición humana ante sus familiares y vecinos.
15. Pero antes: SE ENCARNÓ, como máxima manifestación de un Dios, que tanto nos amó, "que nos envió a su Hijo único para que nos diera vida" (1 Jn 4,9)
Al Pueblo de Dios, para todo el mundo infectado de este virus maldito,  le queda el compromiso de la esperanza, avalada por los hechos, expresados por el rechazo de la indiferencia y el egoísmo y por la apuesta de la justicia, el amor y la misericordia.

domingo, 5 de abril de 2020

¿SEMANA SANTA O MES... SANTO?


Ha llegado la Semana Santa, aunque me atrevería a decir que casi llevamos un Mes Santo. Con esto del Coronavirus,  uno se asombra de la bondad (santidad) que tiene tanta gente. No hace falta nombrarlos ya los venimos valorando desde hace mucho tiempo. Cuánto derroche de generosidad y solidaridad de la sociedad. Es para quitarse el sombrero ¡Chapó!
Volviendo a la Semana Santa. Para los cristianos es la semana grande, aunque este año, no van a salir las cofradías para expresar públicamente los Misterios de la Fe, ya está Caritas junto a otras tantas iniciativas de la Iglesia, que expresan su amor solidario y entrega generosa todos los días. Son las nuevas procesiones y estaciones del viacrucis de los nuevos tiempos. Una buena versión de la Semana Santa.
No obstante, durante estos días, quienes seguimos a Jesucristo, tenemos la ocasión de recordar los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret. Y no fue cualquier vida. Cuentan los evangelios que “pasó haciendo el bien”. En estos tiempos hubiera dado la talla. Sin embargo lo mataron en la cruz. Pero, antes de matarlo, lo torturaron, lo vejaron, le insultaron,… y, encima, le crucificaron entre dos ladrones. Murió como un excluido, rechazado por la sociedad y por la religión de su tiempo. Señalado como maldito, por las autoridades religiosas y políticas. Le crucificaron como a un malhechor y como persona “non grata” en el sistema.
Los entendidos, dicen que se ganó a pulso su muerte. Que la vida que llevó no podía acabar de otra forma. Pero la vida que llevó, resulta, que estuvo –toda ella- comprometida por los pobres y las víctimas de la sociedad en la que le tocó vivir. Su pasión por los pobres –no para ser pobres como ellos, sino para liberarles de su pobreza y humanizarles como personas, le acarrearon múltiples problemas.
Él mismo, lo proclamó al inicio de su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”. (Lc 4,18-19)
Y guiado por ese mismo espíritu, empeñó el resto de su existencia a favor de los que no cuentan en la sociedad y son rechazados, de mil maneras. Estos días stan sensibles siguen ocupando los espacios públicos de las redes con imágenes desgarradoras: los sin techo, los refugiados y migrantes siguen llegando las pateras, muchas familias que reciben alimentos porque no tienen par comprarlos,….
La Buena Noticia que les anunciaba pretendía abrirles puertas, ilusionarles con una vida llena de esperanza, y hacerles ver que la felicidad, también, era para ellos. Simultáneamente, las denuncias que hacía a los ricos, poner en evidencia y desenmascarar las hipocresías de los hombres de la religión oficial, y señalar a las diversas autoridades como culpables de dicha situación , le fueron creando múltiples dificultades. Su coherencia -hasta el final-, le llevó a la muerte.
Pero la Semana Santa no acaba con la muerte de Jesús. Desde nuestra fe, esta semana de pasión y muerte, termina con la resurrección. No hay que olvidarlo. La apuesta de Jesús por una humanidad nueva, no fue en vano. Con su resurrección validó todo lo que había sido su vida, y podríamos afirmar, que invalidó todo aquello, de la sociedad y la religión, que influyó en su muerte.
Por consiguiente, pienso, que si recordamos todas estas cosas, en Semana Santa, aunque no salgamos a ver las procesiones a las calles, porque este año las procesiones van por dentro en los hospitales, en las residencias de ancianos, de los migrantes; las procesiones las lleva los niños encerrados en sus casas,… ahí se van a representar los distintos misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Sin la menor duda, en el siglo XXI, la sociedad y el sistema global, en el que vivimos, sigue generando pobres, marginados, excluidos, seres humanos que se mueren de hambre, o violentamente en las guerras. Sigue habiendo enfermos, inmigrantes y extranjeros, presos,… todos ellos rechazados y olvidados por la misma sociedad que los ha creado. En tiempos santos en los que vivimos no los podemos olvidar.
Sin duda, Jesús seguiría tomando partido por todos ellos y, entonces, quienes decimos que seguimos a Jesús, no nos cabe otra salida que hacer lo mismo… si deseamos seguirle, claro: ¡Pasión, Muerte y… Resurrección! Hoy más que nunca nuestra entrega es necesaria para seguir haciendo creíble la Buena Nueva de Jesús.