BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 12 de abril de 2020

HOY NECESITAMOS CONTAGIARNOS DE ESPERANZA


Esta mañana he escuchado al Papa estas palabras: “El Resucitado no es otro que el Crucificado, lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada… las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre!”.
Y es que, sin la resurrección de Jesús de Nazaret, no existiría la Iglesia, no habría cristianos, no funcionarían las parroquias, las escuelas católicas, ni existirían las distintas instituciones y ONGES, relacionadas con el cristianismo, como Caritas y Manos Unidas… que en estos tiempos de Coronavirus están dando la talla.
El Dios cristiano, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autentifica todo lo que había dicho y había hecho, durante su estancia en la tierra, Jesús de Nazaret. El Dios encarnado no acaba con el fracaso de la muerte –como si hubieran tenido razón los que le condenaron a muerte y le crucificaron-. No. El Dios encarnado, garantizó y avaló toda su Misión con la RESURRECIÓN.
Hay unidad y continuidad entre Jesús de Nazaret y Cristo resucitado. Esta es nuestra fe. Y si Jesús resucitó, nosotros también resucitaremos. Jesús venció a la muerte.
De una forma, un tanto original, me gustaría señalar las 15 estaciones que expresan el Misterio del Dios Encarnado, dando unidad a toda la vida de Jesús de Nazaret:

1. EL FINAL DE JESÚS: LA RESURRECIÓN, siendo la expresión máxima de la Buena Noticia.
2. Pero antes: FUERON LA PASIÓN Y LA MUERTE, sin duda, consecuencias lógicas de la coherencia de vida que llevó.
3. Pero antes: FUE LA ÚLTIMA CENA, símbolo de la Nueva Alianza y manifestación plena de su servicio y entrega. En este contexto nos da el nuevo mandamiento del amor.
4. Pero antes: NOS ENSEÑÓ A ORAR: desde su propia experiencia, con la oración del Padre nuestro, verdadera síntesis de sus enseñanzas.
5. Pero antes: FUE LA PREDICACIÓN, de un Reino Dios, en el que proclama a un Dios, como Padre y Madre, que ama con entrañas de misericordia a todos sus hijos e hijas y quiere la felicidad para toda su familia.
6. Pero antes: FUERON LOS MILAGROS, verdaderos signos de la presencia y el obrar del Dios del Reino, eso sí, centrándose en los enfermos y desheredados.
7. Pero antes: FUERON LAS PARÁBOLAS, relatos que nos marcan el camino para la construcción de Reino de Dios. La última del juicio final es emblemática.
8. Pero antes: FUE A LA SINAGOGA Y AL TEMPLO, a dar su testimonio, aunque le acarrease problemas y le complicaran la vida. Un profeta que denunció las injusticias
9. Pero antes: FUE POR CAMINOS, PUEBLOS Y CIUDADES, haciendo llegar a todo el mundo La Buena Noticia, especialmente, a los pobres, excluidos y necesitados.
10. Pero antes: FUE LLAMANDO A LOS DISCÍPULOS, futuros continuadores de su Misión y germen del Pueblo de Dios.
11. Pero antes: INICIÓ LA MISIÓN DEL REINO, sintiéndose enviado por el Espíritu y cumpliendo, así, la voluntad de su Padre.
12. Pero antes: FUE AL DESIERTO, preparándose, desde el silencio y la oración, para la Misión que tenía encomendada.
13. Pero antes: DEJÓ SU PUEBLO Y SU FAMILIA, como exigencia previa para desempeñar la tarea del Anuncio del Reino.
14. Pero antes: CRECIÓ COMO UN HOMBRE MÁS, mostrando su condición humana ante sus familiares y vecinos.
15. Pero antes: SE ENCARNÓ, como máxima manifestación de un Dios, que tanto nos amó, "que nos envió a su Hijo único para que nos diera vida" (1 Jn 4,9)
Al Pueblo de Dios, para todo el mundo infectado de este virus maldito,  le queda el compromiso de la esperanza, avalada por los hechos, expresados por el rechazo de la indiferencia y el egoísmo y por la apuesta de la justicia, el amor y la misericordia.

domingo, 5 de abril de 2020

¿SEMANA SANTA O MES... SANTO?


Ha llegado la Semana Santa, aunque me atrevería a decir que casi llevamos un Mes Santo. Con esto del Coronavirus,  uno se asombra de la bondad (santidad) que tiene tanta gente. No hace falta nombrarlos ya los venimos valorando desde hace mucho tiempo. Cuánto derroche de generosidad y solidaridad de la sociedad. Es para quitarse el sombrero ¡Chapó!
Volviendo a la Semana Santa. Para los cristianos es la semana grande, aunque este año, no van a salir las cofradías para expresar públicamente los Misterios de la Fe, ya está Caritas junto a otras tantas iniciativas de la Iglesia, que expresan su amor solidario y entrega generosa todos los días. Son las nuevas procesiones y estaciones del viacrucis de los nuevos tiempos. Una buena versión de la Semana Santa.
No obstante, durante estos días, quienes seguimos a Jesucristo, tenemos la ocasión de recordar los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret. Y no fue cualquier vida. Cuentan los evangelios que “pasó haciendo el bien”. En estos tiempos hubiera dado la talla. Sin embargo lo mataron en la cruz. Pero, antes de matarlo, lo torturaron, lo vejaron, le insultaron,… y, encima, le crucificaron entre dos ladrones. Murió como un excluido, rechazado por la sociedad y por la religión de su tiempo. Señalado como maldito, por las autoridades religiosas y políticas. Le crucificaron como a un malhechor y como persona “non grata” en el sistema.
Los entendidos, dicen que se ganó a pulso su muerte. Que la vida que llevó no podía acabar de otra forma. Pero la vida que llevó, resulta, que estuvo –toda ella- comprometida por los pobres y las víctimas de la sociedad en la que le tocó vivir. Su pasión por los pobres –no para ser pobres como ellos, sino para liberarles de su pobreza y humanizarles como personas, le acarrearon múltiples problemas.
Él mismo, lo proclamó al inicio de su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”. (Lc 4,18-19)
Y guiado por ese mismo espíritu, empeñó el resto de su existencia a favor de los que no cuentan en la sociedad y son rechazados, de mil maneras. Estos días stan sensibles siguen ocupando los espacios públicos de las redes con imágenes desgarradoras: los sin techo, los refugiados y migrantes siguen llegando las pateras, muchas familias que reciben alimentos porque no tienen par comprarlos,….
La Buena Noticia que les anunciaba pretendía abrirles puertas, ilusionarles con una vida llena de esperanza, y hacerles ver que la felicidad, también, era para ellos. Simultáneamente, las denuncias que hacía a los ricos, poner en evidencia y desenmascarar las hipocresías de los hombres de la religión oficial, y señalar a las diversas autoridades como culpables de dicha situación , le fueron creando múltiples dificultades. Su coherencia -hasta el final-, le llevó a la muerte.
Pero la Semana Santa no acaba con la muerte de Jesús. Desde nuestra fe, esta semana de pasión y muerte, termina con la resurrección. No hay que olvidarlo. La apuesta de Jesús por una humanidad nueva, no fue en vano. Con su resurrección validó todo lo que había sido su vida, y podríamos afirmar, que invalidó todo aquello, de la sociedad y la religión, que influyó en su muerte.
Por consiguiente, pienso, que si recordamos todas estas cosas, en Semana Santa, aunque no salgamos a ver las procesiones a las calles, porque este año las procesiones van por dentro en los hospitales, en las residencias de ancianos, de los migrantes; las procesiones las lleva los niños encerrados en sus casas,… ahí se van a representar los distintos misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
Sin la menor duda, en el siglo XXI, la sociedad y el sistema global, en el que vivimos, sigue generando pobres, marginados, excluidos, seres humanos que se mueren de hambre, o violentamente en las guerras. Sigue habiendo enfermos, inmigrantes y extranjeros, presos,… todos ellos rechazados y olvidados por la misma sociedad que los ha creado. En tiempos santos en los que vivimos no los podemos olvidar.
Sin duda, Jesús seguiría tomando partido por todos ellos y, entonces, quienes decimos que seguimos a Jesús, no nos cabe otra salida que hacer lo mismo… si deseamos seguirle, claro: ¡Pasión, Muerte y… Resurrección! Hoy más que nunca nuestra entrega es necesaria para seguir haciendo creíble la Buena Nueva de Jesús.

domingo, 29 de marzo de 2020

"ESCALANDO" LA VIDA COTIDIANA CON SUS RUTINAS



Estamos viviendo -la humanidad- unos tiempos únicos. Tenemos la "suerte" de ser protagonistas. De nosotros va a depender cómo continúa la historia de los seres humanos, el día después del Coronavirus, de ahí nuestro protagonismo como actores reales. Nos estamos jugando mucho.
Tengo la experiencia reciente, no hace un año, de estar en el hospital por cuestiones del corazón; ahora soy una de las personas en situación de riesgo, aunque también por la edad; esos días, estando en la cama, uno tiene tiempo para reflexionar y hacer un repaso de la vida transcurrida, circunstancia que afecta a todo el proceso de visión del pasado, pero que también ayuda -si el tiempo se alarga- en ir poniendo las cosas en su sitio. Tengo que constatar, unos meses después, que en mi vida se han dado unos pequeños cambios, estoy relativizando bastantes cosas, me siento de otra forma, como más liberado, o sea, que en lo que llamaos el crecimiento personal, sí lo he experimentado, y para bien.
He querido sacar todo esto a colación, por lo que quiero decir esta tarde en el blog. Estamos en la UCI = Unidad de Cuidados Intensivos. ¡Pero si yo no tengo el coronavirus! El "bichito no", pero el conjunto de la humanidad -entre los que estoy- sí se encuentra en cuarentena (UCI social). Estamos reflexionando, unos con más consciencia y otros con menos, unos con más perspectivas y otros con menos, unos se lo están tomando en serio y otros pasan, ¡Pero estamos!
Las redes sociales, medios de comunicación... ya se encargan de vehicular todo lo que está pasando y se nos ocurre o pensamos, con humor o seriedad, con optimismo o con alarmismo, pero están omnipresente en nuestros hogares. Me estoy planteando dejar de ser, personalmente, transmisor de todo lo que me viene -y es mucho- dejando unos días de respiro para mí para todos, en lo que de mí depende. En todo caso no abandonar lo esencial y echar a la papelera lo superfluo. Todo esto no deja de ser una forma de evadirnos de la realidad que nos distrae de lo que sí es esencial e importante.
Porque lo verdaderamente "duro" -de estos días- es la vida cotidiana. Por eso hablo de escalada. Una buena escalada, a una montaña alta, tiene sus exigencias, sus previsiones y entrenamientos, y aun así cuesta, supone un esfuerzo, en ocasiones, agotador. Tuve una videoconferencia con mi familia ayer. Estábamos en ocho hogares distintos y un total de 27 personas. Tenemos en la familia ocho nietos, con sus correspondientes abuelos y unos padres que ahora están todo el tiempo con sus hijos. Llevan 15 días en casa. ¡Vaya escalada! Que cada cual se haga la idea de las rutinas, horarios, iniciativas, kilos de paciencia y todo lo que queramos añadir. Y ahora ampliemos la visión a todas las familias del mundo mundial.
Nos estamos jugando mucho. No es que estemos en un macro proyecto universal, donde tenemos asignado un papel a desempeñar. Todo esto está improvisado, aunque es consecuencia de todo lo que hemos ido haciendo antes de que nos llegase. Estos días, sin esperarlos, tenemos que estar en casa las 24 horas, debemos seguir criando y educando a nuestros hijos, hay que continuar con el crecimiento de la pareja, también, dejar espacio para darnos un tiempo personal. No es un tiempo cualquiera, pues, entiendo, que estamos poniendo los cimientos de lo que queremos que siga siendo la historia de la humanidad después de la pandemia.
Que no. Que no es asunto de los políticos, gobernantes y multimillonarios. El futuro depende de nosotros. De cada uno de nosotros. Estos días que van a ser más de un mes, seguramente, son tiempo que la naturaleza, que Dios -para los creyentes- nos brindan para confrontar nuestra manera de vivir y ver el trren de vida que llevamos hasta ahora, sin olvidar a los pobres, los actores con un papel muy secundario, los que más sufren las consecuencias, en fin, que nadie desea que dentro de un año volvamos a las andadas, luego pongamos remedio. Ya sabemos lo que queremos, por consiguiente manos a la obra. La función va a empezar.