BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 5 de febrero de 2017

¿SABÍAS QUE SIGUEN MURIENDO -HOY- MUCHAS PERSONAS DE HAMBRE?



Porque de hambre, hambre, siguen muriéndose hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas en muchos lugares del mundo, hoy también, y en estos momentos que me estás leyendo... No lo olvidemos nunca: el hambre mata a más gente que todas las guerras juntas, los diversos terrorismos, las drogas,... ¡Y lo demás es literatura!
Manos unidas, una ONG de la Iglesia, lleva más de 50 años recordándonos ésta triste y cruel realidad. Estas son algunas de las cifras que maneja:
  Cada 6 segundos muere un niño por causas relacionadas con el hambre
  El hambre mata más personas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas
  En el mundo hay 1.400 millones de personas pobres, que viven con menos de un 1€ al día.
Esto es lo que tenemos. Nos interese o no nos interese.
La verdad sea dicha, a nosotros nos cae muy de lejos todo este asunto del hambre. Como mucho, estos días que se hace la campaña, se nos remueve un poquito la conciencia, pero un poquito nada más. No es cuestión de amargarse la vida.
Nuestras neveras seguirán a reventar de comida, mucha de la cual, la tiraremos porque ya está caducada. En este sentido, hay estudios que lo han detectado, nos dicen que cuando vamos al supermercado todo lo que compramos nos parece poco y, además, lo vemos muy necesario, pero luego son tantas las cosas que llevamos que, algunas de ellas, cuando vamos a consumirlas, ya están caducadas y su final... el cubo de basura.
Además tenemos otras preocupaciones más urgentes: seguir dietas, adelgazar, ir al gimnasio o natación para tener una imagen "10", utilizar cosméticos que nos hacen más jóvenes, hacer footing, montar en bicicleta para quitar el colesterol, en fin, para que seguir.
Aunque también es real que ante el problema del hambre, muchas personas nos preguntamos qué podemos hacer y la verdad que, individualmente, casi nada, -como mucho- nos queda lo testimonial de hacer un día de ayuno y dar donativos a los comedores públicos de nuestras ciudades o a las ONGs que se preocupan y tienen proyectos para paliar el hambre.
Pero, también tenemos otras herramientas que utilizamos muy poco:
  • Crear foros para hablar de este grave problema de la humanidad, informándonos de las causas que lo originan y formándonos para dar respuestas adecuadas.
  • Hacer manifestaciones para seguir concienciando a la población.
  • Exigir a los gobiernos municipales, autonómicos, nacionales,... que cumplan sus compromisos adquiridos. (Para salir en la foto cuando se firmaron estaban muy bien pero otra cosa es cuando tienen que aplicarlos).
  • Educar a nuestros hijos, a nuestros alumnos,... en los valores que contribuyen a una solidaridad fraterna.
  • Participar, durante nuestras vacaciones, en proyectos del Tercer Mundo, que organizan las ONGs, y que tanto contribuyen en la educación, la sanidad, el fomento de la agricultura y la ganadería,...
  • Potenciar iniciativas, campañas, actividades solidarias que además de informar y concienciar contribuyen a que, parte de mi tiempo y de mi persona, lo ponga a disposición de los más desfavorecidos. (Pues, parecería, que esto lo tienen que hacer otras personas).
  • Igual hay que entrar en la "cultura del decrecimiento" para revisar nuestra vida del bienestar, ¡Vaya a ser! que tengamos que ajustarnos un poquito más y dejemos de crecer a otros. ¡Anda que con el tren de vida que llevamos, cuántos seres humanos podrían vivir en otros lugares del planeta!
  • En fin, todo lo que se nos ocurra menos quedarse con los brazos cruzados y ser profetas de calamidades, conformándonos con gritar "qué mal está el mundo". (Pero... que lo arreglen otros).
Manos unidas, en una de sus campañas, utilizó un lema que se me quedó muy grabado: "Tu indiferencia te hace cómplice". Igual tengo que recordármelo más a menudo.

domingo, 29 de enero de 2017

DE LA FORMA QUE YO ME TRATE, TRATARÉ A LOS DEMÁS



Vengo observando, en mi propia vida, que cada cual tiene los recursos propios para llegar a ser él mismo. Pero como no vivimos solos, nuestra relación con los demás, (que también afecta a mi vida) va a tener sus frutos, en la medida que todo aquello que quiero hacer con ellos, antes, lo he tenido que vivir  y experimentar en mí mismo.
La clave, de lo que quiero decir, reside en que todo pasa por uno mismo, antes de llegar a los demás. En la propia persona generamos lo que somos y nos constituimos, así, en referencia de lo que somos y hacemos con las personas que nos rodean. Como sabemos, hasta el mismo estado de ánimo que uno tiene está presente en la relación que tengo con los demás.
Digamos, que el campo de ensayo y de pruebas, está en uno mismo, para que utilicemos los resultados -después-   con los que me rodean. Todo esto lo concreto en estas realidades, utilizando la expresión 'EN LA MEDIDA QUE':
En la medida que me acepte, aceptaré a los demás.
En la medida que me comprenda, comprenderé a los demás.
En la medida que me busque a mí mismo, buscaré a los demás.
En la medida que me encuentre, encontraré a los demás.
En la medida que asuma mi vida, asumiré la vida de los demás.
En la medida que me perdone, perdonaré a los demás.
En la medida que sea alegre, seré alegre con los demás.
En la medida que me ayude, ayudaré a los demás.
En la medida que me preocupe por mí, me preocuparé por los demás.
En la medida que me esfuerce, me esforzaré por los demás.
En la medida que acepte mis crisis, aceptaré las crisis de los demás.
En la medida que me valore, valoraré a los demás.
En la medida que sea optimista en mi vida, seré optimista con los demás
En la medida que sea solidario, favoreceré la solidaridad en los demás.
Claro que en la medida que no me quiera a mí mismo, no querré a los demás.
En la medida que no me acepte, no aceptaré a los demás.
En la medida que no perdone mis errores, no perdonaré los errores de los demás.
Y así podríamos seguir, pero, que cada cual ponga su listado.
Por consiguiente, la clave de todo está, en que la medida que utilice para mí  -y lo planteo en positivo-, será la medida que utilizaré para los demás. Dicho de otra forma no podré hacer nada a los demás, si antes no lo he vivido y experimentado en mi propia persona.
Ya sé que exagero, pero la vida me viene diciendo que damos de lo que tenemos, que es lo único que poseemos y disponemos.
Como dice el evangelio, el árbol da los frutos que tiene.

domingo, 22 de enero de 2017

HAY PAREJAS EN LAS QUE NUNCA TAN CERCA ESTUVIERON TAN LEJOS

Las relaciones humanas son muy complejas. A primera vista, como que todo es muy sencillo. Pero, con el tiempo, van viniendo las complicaciones. Está claro que no somos islas. No podemos vivir solos, necesitamos a los demás para vivir y... sobrevivir. Todo grupo humano tiene su sentido y cubre una serie de necesidades que necesitamos las personas. Pensemos en la familia, en el grupo de amigos, en los compañeros de profesión, en los grupos religiosos, etc., etc.
La satisfacción de conocer a una persona, que te aporta aquello que necesitas para ser feliz, es algo que no tiene precio. Tener a la pareja, al amigo, en quien te puedes desahogar, confiar, reír, llorar,... la verdad, es impagable. Nos necesitamos para realizarnos como personas, para ser felices. ¡Ay del solo! Del ser humano encerrado en sí mismo. ¡Qué infierno!
Sin embargo, es una pena lo que acontece a bastantes hombres y mujeres: Nunca tan cerca, estuvieron tan lejos. Son los desengaños de la vida. Se conocieron, se confiaron, se amaron y terminaron separándose o, en su caso, divorciándose. Parejas rotas, amistades rotas, grupos -de todo tipo- desaparecidos. Estaban cerca, vivían juntos, se rozaban, sonreían, pero se apartaron para siempre.
Y es que la suma de detalles (intrascendentes a veces), echan a perder las relaciones: Los saludos cotidianos ‘que se olvidan’, las miradas ‘que se evitan’, el murmullo de palabras ‘medio dichas’ que apenas se oyen, las escusas ‘rencorosas’para no hacer una cosa necesaria para todos, las justificaciones inventadas que ocultan la realidad,…
Por otro lado, también se da el caso, de aquellas parejas que siguen juntos físicamente, pero, paradójicamente, a kilómetros de distancia. Se aguantan, se desesperan, llegan a pelearse y, sin embargo, por diferentes razones, no les queda más remedio que seguir juntos. La vida se puede hacer insoportable. Pero ahí están.
Es verdad, decía al principio, que las relaciones humanas son complejas, pero no imposibles, tengo que añadir. Los conflictos, los problemas son inevitables. El asunto está en cómo gestionarlos. Nos podemos preguntar: ¿Qué recursos y herramientas cuentan las parejas -por ejemplo- para encauzar sus dificultades? Por su parte, los diferentes grupos humanos, tienen sus tensiones, sus conflictos ¿Saben abordarlos o los falsos respetos guardan las formas?
Creo que en muchas de estas situaciones, lo que ha faltado es tiempo. Tiempo para sincerarse, tiempo para conocerse, tiempo para aceptarse, tiempo para integrar al otro, tal y como es, no como quisiera que fuera... Cuando nos saltamos todos estos tiempos, aún la cercanía más cercana, nos sitúa en la lejanía más lejana. Hay que darse más tiempo, porque así, antes de avanzar en la relación, podemos resituarla y aparcarla, pero sin traumas. En la vida todo es aprendizaje y no podemos pasar de la educación infantil a la universidad.
  

P.D.     También se da lo contrario, nunca tan lejos, estuvieron tan cerca. Personas que viven lejos y mantienen sus lazos y vínculos muy fortalecidos. Y es que cuando se quiere y se pone voluntad, nada hay imposible.

domingo, 15 de enero de 2017

LOS CRISTIANOS: DE LA RUPTURA HISTÓRICA (ESCANDALOSA) AL ÚNICO PUEBLO DE DIOS

Aproximadamente un tercio de la humanidad cree en Jesús, es decir, es cristiana. Numéricamente somos más de 2.250 millones. Y sin embargo, todos los años, del 18 al 25 de enero, tenemos que dedicar una semana de oración por la unidad de los cristianos. Habrá que preguntarse ¿Por qué? Y la respuesta es muy sencilla: los cristianos estamos des-unidos.
Gracias al movimiento ecuménico, creado a principios del siglo pasado, los cristianos estamos dando 'pasitos' para formar, esperemos que de forma definitiva, el "Pueblo de Dios". A lo largo de los 2.000 años que llevamos de historia, se han ido creando las diferentes iglesias, cada una de las cuales, se creía la auténtica poseedora de la verdad del cristianismo, del mensaje de Jesús.
Visto desde fuera esto del cristianismo, es un verdadero escándalo, cuando no da, vergüenza ajena, pues cada una de dichas iglesias profesa solemnemente: que tenemos un Padre común, que todos somos hermanos y hermanas y que el único mandamiento que se nos ha dado ha sido el del amor. ¡Menos mal!
Exagerando un poco, basta echar una ojeada a la historia y cada vez que un grupo de cristianos decidía formar su propia iglesia (Ortodoxos, Protestantes, Anglicanos, Católicos,...) utilizaba el recurso de la violencia y de la guerra "para marcar su territorio".
No sabemos si los motivos eran religiosos y teológicos o económicos y políticos. Pienso que de todo un poco. Pero en todo caso, el grupo o iglesia nueva que se creaba se afirmaba, con bastante frecuencia, desde la violencia. El que esté interesado en profundizar, que recurra a la historia universal y, de forma especial, a la Historia de la Iglesia.
Si traigo estas reflexiones al blog, es porque -como decía más arriba- el día 18 de enero empieza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Esta es una buena iniciativa, pues desde la oración, como los primeros cristianos, podemos conseguir lo que por otros medios no hemos alcanzado. Ya es hora de que dejemos a un lado las guerras de religión (entre cristianos), las inquisiciones para eliminar a los contrarios, las disputas teológicas que han justificado tantas rupturas y violencias,...
El mundo de hoy camina hacia la globalización. Esto quiere decir que entre todos los habitantes del planeta, unos con más influencia que otros, estamos construyendo un orden nuevo, un único mundo, en el que todos los seres humanos seamos ciudadanos de hecho y de derecho. Ésta, también, es una de las razones por la que los cristianos, unidos, aportemos nuestra visión del mundo nuevo que se está gestando.
Y es que tenemos mucho que decir: Que decir y hacer. Pero lo primero de todo, es, que demos testimonio ante los demás hombres y mujeres de otras creencias, incluso sin creencias, de que es posible la unión, que el ser humano pertenece a la misma familia, que basta de fronteras, que es una vergüenza tanta diferencia social entre pobres y ricos, entre mujeres y hombres (todos somos hermanos y hermanas) y que podemos querernos y vivir en paz. !Ojalá!
Si las diferentes iglesias cristianas dan ejemplo y forman la única Iglesia, la del Pueblo de Dios, estaremos contribuyendo a que el mundo se fortalezca en sus vínculos solidarios y fraternales y, entonces, lo de la globalización no se quedará, solamente, en cuestiones económicas y financieras que tantas injusticas siguen generando.

La unión de los cristianos y el diálogo interreligioso, que también se están dando pasos y del que hablaré otro día, tienen que decir mucho en todos estos asuntos.