BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 12 de marzo de 2017

¡QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SIN LAS CRISIS!



Es la palabra más usada en nuestras conversaciones. Está presente en todos los ámbitos de la persona y la sociedad. La palabra tiene su origen en el latín y el griego. La Real Academia de la Lengua, emplea para definirla algunos de estos términos: Cambio brusco, mutación importante, momento decisivo, juicio que se hace de algo, situación dificultosa o complicada,...
Ya hablamos menos de la crisis económica, pero, los problemas siguen para muchas personas, por ejemplo, el paro. Y sigue habiendo crisis políticas que están pasando algunos países, con consecuencias para todo el mundo. Están las crisis institucionales de los partidos políticos, de los sindicatos u otras asociaciones. La Iglesia también se dice que está en crisis porque hay menos vocaciones sacerdotales. La familia, la escuela,... hasta llegar a cada persona, que también pasa por sus crisis.
La crisis forma parte de nuestras vidas y aunque pudiera tener una connotación negativa, la crisis tiene una función necesaria en el desarrollo tanto personal como social. Porque sin crisis no habría crecimiento, evolución, progreso, transformaciones...
Es verdad que en el momento que dura la crisis se pasa mal, se dan situaciones de inestabilidad, de duda, de sufrimiento, de sacrificio, hay que superar obstáculos, solucionar conflictos, tirar a la papelera planteamientos que ya no sirven,... todas estas situaciones son inevitables, pero, también imprescindibles para que la crisis alcance sus objetivos: ¡Todo un reto!
La crisis forma parte de nuestras vidas, desde el mismo nacimiento, los entendidos hablan del trauma que se da cuando venimos al mundo y dejamos el útero materno. Y lo mismo va pasando cuando dejamos la infancia, la adolescencia y así hasta el final de nuestras vidas. Lo mismo podríamos decir de las crisis que se dan en la sociedad, por ejemplo, el paso de una dictadura a una democracia tiene como sabemos muchas dificultades.Y es que la crisis forma parte de nuestras existencias. Cuánto mejor nos llevemos con ella y la entendamos mejor nos irá. En todo caso hay que saber gestionarla adecuadamente.
La crisis nos posibilita los cambios necesarios para realizarnos como personas, vivir felices en la familia, recibir una buena educación, disfrutar de la vida. Y a nivel social lograr unas sociedades en las que todas las personas vivan con dignidad, se les respeten sus derechos, se logre la paz y el bienestar para todos. La crisis nos trae nuevas posibilidades, nuevas opciones. Y lo más importante la crisis nos exige que abandonemos lo que había antes de que llegara ella, pues, es la manera de que no nos estanquemos o paralicemos. La vida sigue después de la crisis, mejor dicho, la crisis nos trae la forma en la que debemos seguir viviendo... hasta la siguiente crisis. ¡Sin crisis no hay vida!

domingo, 5 de marzo de 2017

TODO EMPIEZA POR UNO MISMO Y EN CASA

Por más vueltas que le doy, al final, termino en el mismo lugar: todo cambio del mundo, de la sociedad, de la realidad,... empieza por uno mismo y en el lugar en donde vives y con los que vives. Lo demás es literatura  y ganas de echar balones fuera.
La reflexión me viene de las personas que me rodean y de la cultura globalizada, en la que me desenvuelvo, o sea: Los alumnos de las clases, las personas con las que me reúno y trabajo, las redes sociales en las que me muevo y los foros en los que participo. Así, la utopía de un mundo mejor, el sueño de que otro mundo es posible, se repite de continuo en nuestras conversaciones y escritos.
Miren, creo en el efecto domino, de forma que si yo actúo de determinada manera, algo puede influir y modificar los ambientes en los que me muevo. Si me levanto relajado, con alegría y optimismo, cuando empiece a interaccionar con las personas más cercanas, puede que genere buen ambiente. Pero lo mismo suele ocurrir si me levanto un ‘poco torcido’.
Me cuesta enfrentarme a mi realidad interior. El yo interno que me gobierna. Llevo bastante tiempo intentando dialogar y moderar las relaciones conmigo mismo… ¡y no me es fácil! Me engaño y me autojustifico fácilmente. El esfuerzo y la ’violencia interior’ que se genera me ¿asustan?, mejor, me exigen demasiado y claudico con cualquier pretexto. Al final me digo dejemos las cosas como están.
No puedo ser sincero con los demás, con los Hermanos que viven en la Comunidad, con los chavales del Hogar de Emancipación, con las personas que trabajan en el Centro, con cuantas personas me encuentro a lo largo del día, si no soy sincero conmigo mismo. Mi autoengaño, sin duda, me hace tener unas relaciones ‘engañosas’ con los demás. A lo mejor unos y otros soportamos nuestros autoengaños y engaños hacia los otros, pero esto no es sano para nadie. Y esto no deja de ser un ejemplo. Imagínense la suma de todo esto, el ambiente que va creando.
La sinergia que puede potenciar lo positivo que hacemos, también puede potenciar lo negativo, que a lo mejor, no deseamos. El control personal supone armonizar “las tripas, el corazón y el cerebro”,  la sinergia creada por estas tres instancias en nuestro interior, cuando se orientan en la misma dirección, esto es, unificar y armonizar el propio crecimiento personal, es un trabajo muy ‘fino’ y concienzudo, pero posible, si nos embarcamos en él.
Vivimos demasiado volcados hacia fuera y olvidamos nuestro interior. Claro que es muy legítimo y necesario, hasta es nuestra responsabilidad, responder de nuestros hijos, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros vecinos, pero, eso no quita, que abdiquemos y aparquemos, en un cajón, nuestra realidad más personal. Precisamente contribuimos al bienestar de los demás cuando vamos, con lo que somos, por delante; de no ser así, creamos una maraña de relaciones que nos entorpecen más que nos benefician.
En el fondo buscamos evadirnos. No aguantamos la presión interior y preferimos ‘entretenernos’ con el trajín de la vida cotidiana. Son las excusas y justificaciones que más nos dejan tranquilos. Pero como resultado, nos convierten en constructores de todo aquello que decimos nos gustaría cambiar.
Ante la pereza existencial, la comodidad alienante, reivindico un tiempo constante - no tiene que ser diario, pero mejor si lo es- de diálogo, consenso, pacto con uno mismo: entre el cerebro, el corazón y las tripas, o sea, lo que soy en toda mi realidad. Este trabajo personal, cuando lo hago, noto sus beneficios tanto para mí como para los demás.

domingo, 26 de febrero de 2017

LA FAMILIA, LA PRIMERA ESCUELA DEL CRECIMIENTO PERSONAL



Nacemos para crecer y ser felices. Luego, la vida nos va llevando por diferentes derroteros y cada cual sabe de su historia. La sociedad ha tenido el ingenio de 'crear la familia', como el núcleo más básico en el que la persona inicia sus primeros pasos en todas las dimensiones de la vida. La familia es un tema que da para hablar y escribir mucho sobre ella. Por mi parte resaltaré algunos asuntos que considero importantes: La persona, la pareja, los hijos y la armonía familiar.
La persona,
cada uno de los miembros de la familia, es única y diferente a los demás. Vivimos en una época en la que, estamos tan desbordados por los acontecimientos, que nos olvidamos de nosotros mismos, de nuestra realidad más personal. Como ser individual cada persona necesita sus espacios, sus tiempos,... para hacerse protagonista consciente de su propia historia; pienso que el ámbito familiar los tiene que crear y favorecer. ¡Todo un reto!
La pareja, que tiene unos tiempos fuertes e intensos de crecimiento en sus inicios, es propensa a bajar la "guardia" cuando vienen los primeros hijos, están pendientes del necesario trabajo, o porque surgen mil compromisos en el día a día. Sin embargo el "eje" vertebral de la estructura familiar, a mi modo de entender, es una buena relación de pareja que sigue creciendo hasta el final de sus días. Para ello hay que buscar sus tiempos y espacios, favoreciendo una fluida y continua comunicación, que siga favoreciendo, el crecimiento en el amor que se profesan. ¡Sin comunicación...!
Los hijos, constituyen la asignatura fundamental de la madre y el padre en su responsabilidad de crianza y en el cumplimiento de sus funciones parentales. Cada vez más me admiro de los padres que, día a día -con sus noches- están pendientes de sus hijos, tratando de darles lo mejor. La educación de los hijos es una tarea inmensa y exigente. Atender a la individualidad de cada hijo y favorecer la hermandad entre ellos, constituyen los pilares de un seguro y esperanzador crecimiento de sus personas. ¡Menudo compromiso!
La armonía familiar, el acierto y lo bonito del ambiente familiar es que puede favorecer el crecimiento de todos sus miembros. Claro para ello hay que poner los medios, pues son muchas las oportunidades o interferencias que llegan al hogar: La escuela, el barrio, los problemas laborales, las enfermedades, las amistades, la tele, el Internet y el móvil con sus redes sociales,... por lo que se hace necesario, favorecer el diálogo, reflexionar y hablar de los problemas cotidianos en la mesa, compartir las alegrías, emociones y miedos, las frustraciones, mostrar el afecto y cariño que se tiene, sin duda, constituyen la verdadera escuela del crecimiento personal de todos.