BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ

BARRIADA DE BELÉN - IQUITOS - PERÚ
UN MINUTO DE FILOSOFÍA: “LOS SUEÑOS Y LOS RETOS ANIMAN EL CAMINAR"

domingo, 15 de noviembre de 2015

LOS MÁRTIRES, DE AYER Y DE HOY: MUJERES Y HOMBRES... AUTÉNTICOS.



En la historia de la humanidad, el martirio, ha estado presente como práctica de la intolerancia y el rechazo, que las personas tenemos hacia los que no son como nosotros; a los que piensan de distinta manera y a los que tienen creencias diferentes a las nuestras. Para estas ocasiones la mejor solución es eliminarlos.
El 16 de noviembre, de 1989, asesinaban a cinco jesuitas y a dos mujeres, en el Salvador. A estos últimos les llamamos, con más propiedad, mártires. Todos ellos eran creyentes y, su fe en Dios, fue motivo para matarlos. La historia está llena del testimonio de hombres y mujeres, creyentes -de todas las religiones- y no creyentes, que les han quitado su vida, así, sin más, por su fe.
Por su fe en Dios, por la fe en sus utopías, por tener fe en sus ideales..., en cualquier caso, seres humanos, que han entregado lo que tenían de más valor: su propia vida. El siglo XX, fue testigo de las numerosas personas, que saltaron a las páginas de la prensa mundial porque, vilmente, les asesinaron. Quién no recuerda al obispo, Oscar Romero (1980), a Martín Luther King (1967), o bien, a Mahatma Ghandi (1948). Por no hablar de las numerosas guerras que se aprovechan para eliminar a los que "estorban", no tanto por su violencia -que son personas no violentas- cuanto por sus creencias. Basta meterse en el Google y la lista se hace interminable.
La historia está plagada, lamentablemente, de hombres y mujeres que han sido fieles a sus creencias y a sus ideales. Llevaron una vida normal. Vivían con sus familias, tenían sus trabajos y obligaciones. Eso sí, trataban de ser exigentes consigo mismos, ser honestos ante los demás, vivir con coherencia ante sus semejantes. Estaban comprometidos con la humanidad.
Su propia vida era suficiente para denunciar las injusticias, desenmascarar a los hipócritas, que bajo los ropajes de su autoridad, siempre se aprovechan de los demás. El testimonio, sus palabras son "las únicas armas" que utilizan para hacerles ver, a sus 'ejecutores', que se rodean de privilegios, establecen leyes que les benefician, utilizan la violencia para defender sus intereses, se sirven del poder, - que se les ha confiado- para incrementar sus bienes y riquezas,... y cuando alguien se lo recuerda, se lo dice..., ya encontrarán la manera para quitarlo del medio.
No hace falta remontarse a los romanos, cuando mataron a Jesús de Nazaret. Estos días, estamos viendo en los telediarios, cómo los dictadores siguen llenando las cárceles de "disidentes", están matando en la calle, a los que protestan por las condiciones inhumanas en las que viven, y están empobreciendo -no solo los dictadores- a poblaciones enteras, que mal viven excluidos y, de esta forma, terminan "asesinados" miserablemente.

Sí, sigue habiendo hombres y mujeres, auténticos, que no le temen a la vida, y denuncian, aún con el riesgo de sus vidas, la deshumanización que se sigue dando en la historia de la humanidad.

¡¡¡ MI FELICITACIÓN Y AGRADECIMIENTO POR SU TESTIMONIO!!!

domingo, 8 de noviembre de 2015

SI YO CAMBIO, YA ESTÁ CAMBIANDO EL MUNDO

Siempre pensamos que son los del gobierno, el Vaticano, los ricos y poderosos  los que tienen que cambiar el mundo. Ellos tienen el poder y el dinero, luego, les corresponde poner las condiciones para que haya un mundo mejor. ¡Que equivocados estamos!
Creo que el camino es otro. Los cambios no vienen por real decreto. Ni se producen de la noche a la mañana. El cambio vendrá cuando cambien las personas, mejor, cada persona. Y las personas no cambiamos porque nos lo mandan, sino, porque queremos cambiar. Nos pueden ayudar las religiones, las ideologías, o a saber qué, pero soy yo el que tiene que cambiar.

El bien y el mal que hay en el mundo, lo hemos creado los seres humanos. Cada persona contribuye con su comportamiento, con sus relaciones con otras personas a construir un mundo mejor o bien, un mundo peor. Por cierto, las máquinas son instrumentos que pueden hacer el bien o el mal según el uso que les demos.
La naturaleza humana, es la que es, y todos tenemos nuestras cualidades y defectos. Somos geniales y, también, somos nefastos. De héroe a villano hay un pasito. Y la  misma persona, a veces, cambia el contexto, y pasa de la bondad a la maldad o viceversa. Es lo que hay. Y ya sé que estoy simplificando, pues esto es mucho más complejo.
Podemos hacer grandes leyes y declaraciones de Derechos Humanos, pero por sí mismas no cambian nada. Pueden facilitar, dar ideas. Pero ya está.
Esto va de quiero y puedo, o si se quiere, de puedo y quiero. Digo muchas veces que todo el mundo sabe que el amor, la paz, la fraternidad, la libertad, el compartir, la solidaridad, el amor, la verdad, el perdón, la alegría... (y pongan más cosas) es lo mejor que nos podía ocurrir para que seamos felices y el mundo fuera mejor.
Pero, añado a continuación: aun sabiendo todo eso, la violencia, la mentira, el egoísmo, la intolerancia, la esclavitud, el orgullo, el racismo, la injusticia, la explotación, el robo, la corrupción no son ajenos a nuestras conductas y comportamientos diarios. Sabemos que no debería ser así, pero,...
Por cierto, cuando hablo de personas me estoy refiriendo al Carpintero del barrio, al Papa, a la Enfermera del hospital, al Presidente de gobierno, al Parado de la plaza, a la Dependienta de la tienda, al Joven universitario, al Budista, a la Peluquera del bloque, al Taxista de la estación, al Ama de casa, al Anciano jubilado,  a la Presidenta del Banco, al Profesor de la universidad, a la Sindicalista del metal, al Preso de la cárcel,...
Esto del cambio es una cuestión personal. Me puedo dejar ayudar de los demás. Pero, tengo que ser consciente de que yo soy el protagonista de mi vida. De mí dependen mis decisiones y las correspondientes responsabilidades. Igual me tengo que marcar pequeñas metas. Pero mis incoherencias, las distancias entre ‘lo bueno y malo’ que me caracterizan las tengo que acortar yo. Entre lo que pienso, digo y hago tiene que darse unidad plena, pero, me corresponde a mí alcanzar dicha unidad. Así estaré cambiandome y contribuyendo a cambiar el mundo, al menos la parte que me corresponde.
Porque todas las personas nacemos, vivimos y morimos. Y todas las personas somos iguales en dignidad y derechos. Lo que cambia es el lugar y el contexto en el que nacemos, vivimos y morimos.


domingo, 1 de noviembre de 2015

HOMBRES Y MUJERES DE BUEN CORAZÓN, SON LOS SANTOS DE HOY

En noviembre empezamos el mes, los cristianos, celebrando la festividad de todos los Santos. Me parece muy oportuno. En un mundo tal convulsivo y revuelto, con tantas dificultades y problemas, con abundantes tragedias y conflictos, tener un día, en el que visualicemos que todo no está tan mal, es un alivio y, sobre todo, una 'brisa' de esperanza en el camino hacia un futuro mejor. Es verdad que hace más ‘ruido’ la maldad, pero la balanza –creo firmemente- está más inclinada hacia la bondad.
Algunos pueden decirme que, en este día, nos referimos a los hombres y mujeres que ya nos dejaron y son los 'Santos y Santas' que recordamos. ¡Ojo! no son santos y santas porque ya están 'en el cielo' en la presencia de Dios, disfrutando de la felicidad eterna. No. Fueron unas excelentes personas, mujeres y hombres de buen corazón, que irradiaron su amor y entrega a todas las personas con las que se fueron encontrando durante su vida.
En la liturgia cristiana, para este día, se nos ha leído el evangelio de Mateo, sobre las Bienaventuranzas. Es la propuesta que nos sigue haciendo, Jesús de Nazaret, para que seamos felices. Estoy convencido de que hay muchas personas que tratan de vivirlas. Y no porque sean cristianos, creo que lo que en ellas se dice, son las aspiraciones más hondas de cualquier ser humano.
Hay hombres y mujeres, que viven su vida desde la solidaridad con los más necesitados y comparten lo que tienen con ellos. Son pobres, aunque tengan riquezas, porque su corazón no está en ellas, puesto que las utilizan tanto para su bienestar como para el bienestar de los demás que carecen de ellas y son felices.
Hay mujeres y hombres, que empatizan con el que sufre, con el dolor de los demás. Visitan a los enfermos y van a sus casas. Están al lado de los ancianos en las residencias y hacen juegos, vestidos de payasos, en las zonas infantiles de los hospitales y son felices.
Hay hombres y mujeres, que son pacíficos y no violentos. Evitan el rencor y la venganza con sus semejantes. Crean un buen ambiente de convivencia allá en donde se encuentren y estén con quién estén y son felices.
Hay mujeres y hombres, que luchan por la justicia. No consienten las numerosas injusticias y atropellos que padecen sus semejantes. Salen a la calle, van a las cárceles, están al lado de los indefensos. Quieren y apuestan por un mundo más justo y son felices.
Hay hombres y mujeres, que son generosos y altruistas. Su tiempo está disponible para los demás y son muy sensibles a sus carencias. La misericordia es una de sus mejores actitudes. No les importa compartir su persona y su historia con los demás y son felices.
Hay mujeres y hombres, que son honrados y honestos. Van con la verdad por delante y detestan la hipocresía e incoherencias. No buscan el engaño y evitan llevar una doble vida. Les cuesta ser transparentes pero su corazón está limpio y son felices.
Hay hombres y mujeres, que son constructores de la paz. No están de acuerdo con las guerras y van en contra de cualquier violencia, apostando fuerte por la paz. No les es fácil ser pacíficos, pero están con toda su energía en ello y son felices.
Hay mujeres y hombres, que son perseguidos por su estilo de vida. Les calumnian y les hacen el vacío. Les señalan. Van contracorriente y la apuesta por un mundo más justo y más humano, les acarrea muchos problemas. Su rebeldía y tesón por sus utopías y sueños les complican la existencia. Pero no bajan la guardia y son felices.
Hoy es el día para felicitar a todas estas personas y esforzarse por estar junto a ellas.