Estamos hablando de los niños y niñas del Barrio de Belén, que son miles. Imagínenselo ustedes, si en el barrio hay unas 20.000 personas. Chicos por todos los lados, materialmente, hasta debajo del barro. ¡Y son felices!... ¿Felices? Al menos cuando están en la calle, que es cuando nosotros los vemos. Aunque en sus “casa” están bien poco, acaso para dormir.
Bueno, si entramos en detalles, a lo mejor cambiamos de parecer. Hemos visto a niños con heridas en la cara y nos hemos enterado de que, su papa, le pegó porque perdió un lápiz que necesitaba. Tenemos muchas formas de saberlo, somos educadores, y la información nos va viniendo en la medida que nos acercamos, cada vez más, a las gentes del barrio. Hablando con los jóvenes, en una de las reuniones de los miércoles, nos constatan de que la violencia intrafamiliar está en un 90 % de los hogares... ¿exagerarán?
Muchos de estos niños, viven con sus mamás y sus abuelitas, sus papás les abandonaron y se fueron de la casa... a otro hogar. Ni siquiera son reconocidos por sus padres. Muchos de ellos no constan en los registros. En estas condiciones, sin la figura del padre, crecen muchos niños de los charcos. Tal vez es mejor que no estén, pero, su crecimiento como personas ya está afectado desde la infancia. Su futuro va a quedar marcado desde la infancia.
Es verdad que hemos visto colegios en Belén, pero muchos niños no van a la escuela, aquí radica el gran problema y el mal endémico del Barrio de Belén. Muchos niños no van porque nadie les obliga, pero es que, numerosas niñas están demasiado ocupadas cuidando a sus hermanitos, mientras sus papás andan atareados, con los trabajos precarios, que ofrece el barrio. Por lo que vemos, no es que necesiten mucho para vivir, apenas la ropa -la misma todos los días- hasta que se desgasta y se ponen otra parecida; por no hablar de la comida, que podemos calificarla de supervivencia.
Están siempre en la calle, bueno, en realidad la calle y sus charcos son su casa. El concepto de casa que manejamos, en la que viven nuestros hijos, no corresponde a lo que tienen ellos. Ya han visto en las fotos, que viven en palafitos muy endebles y que en el tiempo de las lluvias -casi medio año- sus calles están inundadas de agua (como en la Venecia italiana) pero en versión mísera y pobre. Es verdad que los charcos desaparecen pero no sabemos qué es peor. Nos han contado muchos casos de bebés que se ahogan, durante estas fechas, por que se caen al agua. El agua cubre todo el piso de su casa y viven materialmente "colgados" entre tablas y hamacas.